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Editor de Culturales
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Esa relación entre deporte y música encuentra un interesante paralelo en el Perú.
Las polkas futboleras constituyen un repertorio propio que acompaña la identidad de clubes y ciudades. Himnos como "Nostalgia chalaca", adoptado por los hinchas del Sport Boys, o la tradicional canción dedicada al Walter Ormeño de Cañete, que disputa Copa Perú, muestran cómo el fútbol peruano también ha construido una memoria musical que va mucho más allá de los noventa minutos de juego.
Esa importancia cultural fue estudiada por las investigadoras Sihame Kharroubi y Cherifa Zidouri, de la Université Ibn Khaldoun de Tiaret, en el trabajo Les chansons de football en Algérie : quand l’amour du ballon présente la voix et l’imaginaire du peuple.
El estudio sostiene que las canciones futboleras argelinas constituyen una auténtica forma de creación artística y no simples cánticos de aliento.
Las investigadoras concluyen que estas composiciones construyen un relato compartido sobre la identidad nacional; reúnen referencias históricas, familiares, religiosas y regionales; convierten a los aficionados en productores de cultura popular; y fortalecen el sentido de pertenencia mediante un repertorio que termina circulando fuera de los estadios.
En otras palabras, el fútbol funciona como un espacio donde la sociedad produce música, lenguaje e imaginarios colectivos.
El Raï nació en la región de Orán durante la primera mitad del siglo XX, aunque hunde sus raíces en la poesía popular (melhoun), la música beduina, las tradiciones rurales del oeste argelino y la herencia andalusí del Magreb.
Con el paso del tiempo incorporó instrumentos modernos y recibió influencias del jazz, el rock, el funk, el reggae y la música pop, hasta convertirse en uno de los géneros más representativos del norte de África.
Su nombre significa "opinión" o "consejo", porque originalmente los intérpretes improvisaban comentarios sobre la vida cotidiana. Esa capacidad narrativa hizo que muchas de sus melodías fueran adoptadas por las hinchadas, que encontraron en ellas estructuras ideales para el canto colectivo.
El Raï alcanzó proyección internacional gracias a figuras como Cheb Khaled, Cheb Mami, Cheb Hasni, Cheba Zahouania, Rachid Taha —quien fusionó el género con el rock— y Faudel, considerados algunos de sus principales embajadores.
Muchas melodías del género pasaron a los estadios, mientras que algunas composiciones nacidas en las tribunas terminaron siendo interpretadas por músicos profesionales. Esa circulación permanente explica por qué el Raï y el fútbol forman hoy parte de un mismo universo cultural en Argelia.
El fenómeno encuentra un claro parentesco con Marruecos.
Las barras de clubes como Raja Casablanca y Wydad Casablanca también desarrollaron canciones de gran elaboración musical, con estribillos extensos y melodías que luego se difundieron fuera de los estadios. Allí predominan influencias del chaabi y del propio Raï, muy popular en todo el Magreb, lo que crea un repertorio compartido entre ambos países.
En Paraguay ocurre algo semejante con la polka paraguaya. Muchas de sus melodías tradicionales fueron incorporadas por las hinchadas y resignificadas mediante nuevas letras.
El proceso recuerda al caso peruano, donde la polka criolla alimentó el repertorio futbolero de clubes y ciudades, consolidando canciones que hoy forman parte de la identidad de sus aficionados.
El Perú ha desarrollado un cancionero futbolero propio. Polkas, valses y marchas dedicadas a clubes y ciudades conviven con composiciones creadas específicamente para el fútbol.
La apropiación de "Nostalgia chalaca" por los seguidores del Sport Boys o la tradicional canción del Walter Ormeño ilustran cómo la música popular puede convertirse en un emblema deportivo y comunitario.
Argentina comparte esa pasión musical, aunque con una característica distintiva.
En lugar de crear melodías completamente nuevas, las barras suelen adaptar canciones ya conocidas del rock nacional, la cumbia, la murga o el pop, cambiando únicamente la letra.
Argelia, Marruecos, Paraguay y Perú muestran con mayor frecuencia la continuidad entre géneros musicales tradicionales y repertorios futboleros, mientras que el caso argentino destaca por su extraordinaria capacidad para resignificar canciones populares de muy diverso origen.