• VIERNES 3
  • de julio de 2026

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Reflexiones

Cuando el medio pasó a ser el fin en la protección del ambiente


Editor
Roy F. Cárdenas Velarde

Especialista en Derecho Ambiental y Gestión Pública


Hace algunos días leí un artículo sobre la ley de Goodhart, creada allá por los años setenta por el economista británico Charles Goodhart, la cual establece que “cuando una medida se convierte en un objetivo deja de ser una buena medida”.

Pensemos en alguna medida adoptada por el Estado en la que, con el fin de demostrar resultados, convirtió los medios en fines. Una realidad común a todas las entidades públicas es la rotación de profesionales, tanto de nivel técnico/profesional como directivos, lo que podría conllevar a cambios en el enfoque o prioridades de cada gestión.

Ahora lleven esto al plano ambiental. Puede que tengamos algunos casos, pero la semana pasada llegó a mis manos la reciente obra de Ricardo Machuca Breña, titulada Gemelos digitales. Hacia una supervisión ambiental moderna. Ahí leí una frase que con otras palabras advierte la presencia de la ley de Good-hart en la Administración pública.

En su capítulo VII, denominado “Más tecnología, menos viáticos”, el referido libro señala que la modernidad dentro de la Administración pública no se mide por cuántas alertas se emiten ni cuántos sistemas se crean, sino por cuántos problemas se resuelven. Pero advierte también que toda tecnología fracasa si se inserta en una cultura institucional que privilegia la apariencia sobre la sustancia.

Lamentablemente, la política de la inmediatez –que prioriza la vitrina– es un mal que se debe desterrar. El considerar a las supervisiones como un fin puede conllevar a dejar de lado el verdadero fin: la solución de problemas ambientales. 

En planos como el de salud, se podría convertir la compra de equipamientos médicos en un fin cuando ello es el medio para un propósito mayor: la atención a la población y, más aún, la lucha contra determinadas enfermedades. 

Algunos podrían señalar que el número de supervisiones o de procesos de contratación son indicadores necesarios en la gestión pública, que no se puede mejorar lo que no se mide. Es cierto, pero su propio nombre lo dice: son indicadores que sirven para algo más. Ese es el verdadero fin. 

En resumen, puede que la ley de Goodhart esté presente en la Administración pública más de lo que pensamos. Por tanto, debemos tratar a los medios y a los fines por lo que son, y con ello desterrar esa política de la vitrina.