Editorial
Las estadísticas demuestran que el Perú tiene una de las tasas más bajas de donaciones de América Latina: de uno a dos donantes por cada millón de habitantes. En nuestro país, cerca de 7,000 personas esperan un trasplante de órgano –hígado, corazón, riñón o córnea–, según el Ministerio de Salud. Sin embargo, solo se han concretado 278 operaciones debido a que estaban registrados apenas 18 donantes.
Por eso, es vital establecer una cultura de donación de órganos con urgencia por razones humanitarias y para evitar el tráfico de un mercado negro que juega con la desesperación de los familiares y su capacidad económica con el fin de prolongar la vida de su ser querido.
La Organización Mundial de Salud (OMS) asegura que “la única manera ética y efectiva de lograr la autosuficiencia en trasplantes y erradicar el comercio ilegal es promover al máximo la donación voluntaria, altruista y no remunerada”.
El donar por medios institucionales, como es la Dirección General de Donación, Trasplantes de Banco de Sangre, permite la transparencia del manejo del tejido y una audición con protocolos rígidos que hacen posible conocer las características del adjudicatario.
El aumento de donantes derivará en un control de la oferta y la demanda. Muchas veces, los familiares se desesperan y, al no encontrar una solución a su problema, se encuentran dispuestos a recurrir al mercado negro en búsqueda del órgano.
También propiciará una repartición justa y democrática del tejido entre los potenciales receptores debido a que los traficantes de órganos reclaman enormes sumas de dinero. La acción altruista y solidaria de este acto civil contribuirá a que el cuerpo humano no sea considerado una mercancía. De esta manera, los más pobres de la sociedad tendrán la oportunidad de acceder a la deseada operación.
El impulsar una cultura de la donación ayuda, además, a optimizar el gasto en salud pública. La inversión en una hemodiálisis para insuficiencia renal crónica es costosa para los hospitales o los seguros. Si bien es cierto que una operación requiere una alta inversión, no hay duda de que será mejor para el paciente y para el sistema de sanidad. A largo plazo, la operación significará un ahorro en los recursos económicos que podrá ser distribuido en otros pacientes.
Por todo eso, hay mucho que hacer desde el Estado y la sociedad civil con el fin de combatir el miedo y la desinformación, dos factores que aprovecha la mafia. A ello hay que añadir la necesidad de lanzar una campaña educativa para incentivar el acto desprendido que significa la donación voluntaria de órganos.