• LUNES 6
  • de julio de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
Enfoque

El desafío silencioso de la agroindustria


Editor
Julio César Méndez

Director zonal de Piura-Tumbes de Senati


El cambio ya está ocurriendo. El sector agropecuario peruano creció 2.4% en el primer bimestre de 2026, impulsado por el subsector agrícola y por productos de alto dinamismo como arándano, palta, arroz, palma aceitera y maíz amarillo. A la vez, el Perú viene ampliando su presencia internacional: en los primeros cuatro meses de 2026 se concretaron 19 nuevos accesos sanitarios y fitosanitarios para productos agropecuarios en mercados internacionales.

Sin embargo, cada nuevo mercado trae una exigencia mayor. Exportar no es solo producir. Implica cumplir estándares, asegurar inocuidad, operar procesos estables, mantener equipos en condiciones óptimas, reducir mermas, garantizar frío, gestionar inventarios y responder con precisión a cadenas de suministro cada vez más competitivas.

Piura refleja claramente esta transformación. La región alcanzó un récord exportador de US$ 4,104 millones en 2025 y duplicó sus exportaciones en la última década. Productos como uva, mango, banano, limón y palta ya forman parte de una economía regional más sofisticada, donde el valor no se genera únicamente en el campo, sino también en plantas, almacenes, líneas de empaque, laboratorios, talleres de mantenimiento y centros logísticos.

Lambayeque también confirma la tendencia. Con más de US$ 1,366 millones en exportaciones durante 2025, un crecimiento de 32.7%, más de 270 empresas exportadoras y presencia en 80 mercados, la región muestra que el crecimiento agroindustrial depende cada vez más de la capacidad de diversificar destinos, cumplir certificaciones y profesionalizar operaciones.

Tumbes, aunque opera en otra escala, tiene una oportunidad estratégica en cadenas como banano, cacao y limón. Entre enero y setiembre de 2025, la región alcanzó US$ 87 millones en exportaciones y viene articulando esfuerzos para fortalecer la productividad, la asociatividad, las certificaciones y el valor agregado. Ese camino requiere no solo inversión productiva, sino también jóvenes y trabajadores capaces de operar, mantener y mejorar procesos.

Por eso, el gran desafío de la agroindustria del norte ya no es solamente producir más. Es formar más talento técnico para sostener ese crecimiento. No basta abrir mercados; hay que abrir capacidades. Se necesitan técnicos en mantenimiento industrial, automatización, refrigeración, electricidad, mecatrónica, control de calidad, logística, seguridad industrial y gestión de procesos.

Aquí la educación técnica cumple un rol estratégico. La formación profesional conectada con empresas permite que los jóvenes aprendan en entornos reales, comprendan las exigencias de la industria y desarrollen competencias aplicables desde el primer día. También permite que trabajadores en actividad actualicen sus capacidades frente a procesos cada vez más tecnificados.

La agroindustria del norte puede convertirse en una de las grandes rutas de empleabilidad formal para miles de jóvenes. Pero, para que eso ocurra, la formación debe mirar hacia donde se está moviendo el aparato productivo: más tecnología, estándares, sostenibilidad, logística y valor agregado.