Opinión
Actualmente, se sigue practicando en las comunidades y parcialidades de la zona Lago del distrito de Huancané.

Docente
Desde los tiempos precolombinos, Huancané fungió como un nudo estratégico en el Qullasuyu, al conectar las regiones altas con los valles interandinos y la selva alta. Durante el incanato, fue paso obligado hacia Chuquiago (la actual La Paz, Bolivia), integrándose en el vasto sistema vial del Qhapaq Ñan. Sin embargo, su verdadera forja identitaria se consolidó durante el virreinato y la república, periodos en los que sus habitantes protagonizaron algunas de las gestas más heroicas contra la opresión feudal y el gamonalismo, y marcaron hitos en la historia social del Perú.
Según menciona el Inca Garcilaso de la Vega, los chirihuanos vivían en el Antisuyo y se caracterizaron por ser una tribu guerrera, feroz y de costumbres salvajes: “Eran brutísimos peor que bestias fieras, que no tenían religión ni adoraban cosa alguna; que vivían sin ley ni buenas costumbres”. En su afán expansionista se establecieron al norte del lago Titicaca y contagiaron su espíritu de rebeldía a los lugareños.
Los chirihuanos es una danza guerrera, vigorosa, propia de la zona aimara, del distrito de Huancané, y se presenta en la festividad de la Santísima Cruz del 3 de mayo. Sin embargo, se extendió a Acora y Yunguyo, localidades aimaras de la ribera sur del lago Titicaca.
Los bailarines son los propios músicos, varones todos, que en número de treinta o más, según la ocasión, realizan evoluciones muy sencillas, desplazándose en pequeñas carreras, al trote, hacia adelante y hacia atrás. Relatan los ancianos que a veces se producían batallas campales entre grupos rivales de chirihuanos, que culminaban con muertos y heridos.
La música es ejecutada en sikus, que son de diferentes tamaños, en forma alternada, y no usan instrumentos de percusión. Las melodías son marciales y potentes, propias de una danza guerrera. Son heptafónicas en modo mayor y están desarrolladas en compases de 2/4.
El distrito de Cojata (Huancané) es también cuna de expresiones artísticas ancestrales. Una de las más representativas es la danza masculina sankkayo chirihuano, una variante local del chirihuano tradicional. Esta danza se caracteriza por el uso de trenzas postizas llamativas, símbolos de identidad y virilidad. Actualmente, esta manifestación se encuentra en proceso de extinción, por lo que diversas autoridades locales e instituciones culturales han emprendido esfuerzos para su recuperación y preservación, como parte del patrimonio vivo del distrito.
Actualmente, se sigue practicando en las comunidades y parcialidades de la zona Lago del distrito de Huancané, como Jonsani, Huarisani, Santiaguillo, Soaquello, Cohasía, también en otras comunidades de la zona Dos de Mayo, de la zona de Huancho y del centro poblado de Ramis y comunidades aledañas.
Según el historiador huancaneño Felipe Sánchez Huanca, en su libro Huancané. Ensayo monográfico II, el Centro Musical de Danzas y Teatro los Chiriwanos de Huancané, en la región Puno, tomó su nombre justamente de aquella raza de indomables guerreros que formaban los “chiriwanos”, venidos de las Yungas del oriente boliviano. Estos, en tiempos remotos, eran grupos étnicos errantes que asolaban a los pueblos de la región altiplánica a orillas del lago Titicaca; venían constantemente en hordas invencibles al son guerrero de sus enormes zampoñas, con el ánimo e intención de buscar un lugar apropiado donde establecerse definitivamente para luego vivir en paz y con principios expansionistas.
El doctor Sánchez Huanca escribió: “Los chiriwanos, finalmente fueron cautivados por los paisajes y demás bondades de la hoy provincia de Huancané, donde en luchas fieras con los huancas se quedaron a vivir en las pampas de Yanaoco, Kaparaya, Kakachi y frente a ambas riberas del río Ramis, levantando sus viviendas los famosos putucos, a los que en la actualidad todavía apreciamos”.
En su revista Cancionero del Centro Musical de Danzas y Teatro los Chiriwanos de Huancané, el historiador huancaneño menciona que, desde entonces, Huancané es tierra de estirpe huanca-chiriwana, de costumbres muy peculiares, pues el huancaneño es amante de su tierra, trabajador incansable, hacendoso y hogareño, contrito y religioso pertinaz, pero también jaranero y bohemio, ya que en sus fiestas hace derroche de alegría, de tragos y de bailes, al compás de sus bandas de música o al son de sus conjuntos de sicuris, tarkas y guitarras.
Sobre la provincia de Huancané, el doctor Sánchez Huanca dijo: “Así es la tierra huancaneña, de paisajes paradisiacos, de blancas y heladas nieves como Cojata, emporios ganaderos como Rosaspata e Inchupalla, de tierras muy fecundas como Vilquechico, de filones petroleros inexplotados como Pusi, de ricos lugares arqueológicos y turísticos como Taraco, y Huancané, todo es tierra de sankayos, cantutas y cactus, de cipreses, eucaliptos y kollis, morada de pajarillos cantores; de remansos azules, descanso de gaviotas y parihuanas, provincia capital folclórica del departamento de Puno”.