• LUNES 6
  • de julio de 2026

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Pedagogía del disenso


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Decano de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Científica del Sur


Usemos sensatamente las herramientas que nos permitan administrar las obvias diferencias. Esto refuerza el concepto de que las sociedades somos múltiples y heterogéneas, y que las posiciones, aunque antagónicas, tienen la posibilidad legítima de ampliar o ajustar las perspectivas. Cualquier inclinación hacia verdades totales y únicas es un peligro para una convivencia tolerante. Debemos insistir, por tanto, en que hay que aprender a gestionar los posibles conflictos con respeto y prudencia. La democracia está compuesta de colisiones y tesis opuestas, pero su valor radica justamente en su capacidad para regularlas bajo parámetros institucionales y éticos.

Una de las rutas más recomendables es la validación de los argumentos: mostrar las pruebas de lo que se afirma. Estas son reglas básicas para señalar el camino de un diálogo enriquecedor que evite la zona de la mera opinión sin evidencias. De ese modo, en una mesa de diálogo, el disenso se ajusta a un nivel de argumentación donde las pruebas se convierten en una matriz básica de consenso factible. No se puede renunciar a la regulación prudente y racional de los desacuerdos. Las universidades son espacios para el entrenamiento constante en la administración responsable de estos disensos.

Una lectura distinta, que apela a causas probadas y confirmadas, enriquece siempre la vida democrática. Las evidencias y la ética constituyen las barreras frente a las tentaciones autoritarias en cualquiera de sus formas. El aprendizaje de la diferencia de enfoques requiere exigir que las afirmaciones tengan el respaldo firme de las pruebas que las sustentan. La carga subjetiva, carente de fundamentos acreditados, es un disparador del modelo agresivo que debemos evitar cuando se usa como un dogma y sin apertura.

Las democracias tienen que defenderse subrayando el valor intrínseco de que los diferentes enfoques –respaldados por mecanismos científicos confirmados– amplían la madurez y apelan a la moderación como ejes constantes en una sociedad. En esos territorios de diálogo y contrapesos argumentales poseemos una oportunidad para ajustar el discernimiento y profundizar el sentido de una vida compartida provechosa.