Opinión
Periodista
Este mito permite crear una analogía para explicar el complejo escenario que se ha venido gestando en el Perú durante los últimos años. Lo que está ocurriendo en el país se parece mucho al laberinto de Creta. Hemos levantado un laberinto político, social e institucional, donde habitan problemas estructurales como la delincuencia, la corrupción, la impunidad y la informalidad, que cobran fuerza al alimentarse del bienestar de los ciudadanos de buena fe, tal como lo hacía el Minotauro.
En este engranaje, la informalidad opera como una gigantesca red de caminos alternativos fuera del mapa oficial, un terreno propicio para el tránsito de las economías ilegales; la delincuencia convierte a las calles en espacios donde el ciudadano camina mirando atrás, sintiéndose desprotegido, obligando, además, a los emprendedores a restringir su crecimiento, y la corrupción y la impunidad actúan como pasadizos ocultos dentro de las propias instituciones, debilitando las herramientas del Estado destinadas a defender el orden público.
Al revisar el pasado reciente, se observa que diversos liderazgos han fracasado en el intento de derrotar a estas amenazas. El error recurrente no ha sido la falta de intenciones, sino la tendencia a responder con medidas coyunturales, efectistas, aisladas o, en el peor de los casos, con la inacción. Se ha preferido la improvisación y la respuesta reactiva ante la emergencia, en lugar de priorizar una estrategia de institucionalización contra la criminalidad.
La mitología nos demuestra que el éxito en el laberinto de Creta no dependió de la fuerza de un héroe, sino de su capacidad para ceñirse al método de seguir el hilo que le permitía avanzar sin perder el rumbo. En la gestión pública moderna, ese hilo equivale a la construcción de políticas de Estado estables y duraderas, basadas en la meritocracia, el fortalecimiento del sistema de justicia, la inteligencia policial, la transparencia y una formalización económica inclusiva.
Solucionar los problemas que hoy asedian la seguridad y la economía requiere la templanza de sostener el hilo de la legalidad. Esa es la única guía técnica capaz de conducir al país, de manera sostenible, hacia el orden y el desarrollo.