• MIÉRCOLES 8
  • de julio de 2026

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Adaptación climática: la nueva estrategia legal para proteger inversiones y crecimiento en Perú

Una ventaja competitiva para el país


Editor
José Luis Velásquez

Socio Líder de Sostenibilidad y Cambio Climático en PwC Perú.


Los costos de la inacción son significativos. Según el Banco Mundial, el Fenómeno El Niño Costero de 2017 ocasionó pérdidas cercanas a US$ 3,100 millones (1.6% del PBI), mientras que los eventos de 1982-1983 y 1997-1998 generaron pérdidas por alrededor de US$ 6,800 millones. Más allá del impacto directo sobre infraestructura y actividades productivas, estos fenómenos afectan la productividad, interrumpen operaciones y afectan la logística y las cadenas de suministro de sectores clave como el agro, la pesca y la minería.

El principal desafío radica en su efecto acumulativo. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con base en estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), advierte que el Perú ya estaría experimentando pérdidas equivalentes a alrededor del 4% de su capacidad productiva debido a eventos climáticos recurrentes. De mantenerse esta tendencia, estas podrían alcanzar aproximadamente 16% hacia 2050, e incluso 23% en un escenario climático más severo, comprometiendo el crecimiento económico sostenido.

En este contexto, la adaptación no debe verse como un costo, sino como una inversión estratégica. Fortalecer la resiliencia de la infraestructura, incorporar criterios climáticos en la planificación de inversiones y gestionar riesgos físicos permite reducir pérdidas y asegurar la continuidad operativa. Para el sector público, esto implica priorizar infraestructura resiliente, ordenamiento territorial y sistemas de alerta temprana; para el sector privado, integrar el riesgo climático en la toma de decisiones y fortalecer sus cadenas de suministro.

Los mercados ya reconocen esta tendencia. El PwC Global Investor Survey 2025 revela que el 84% de los inversionistas considera que las empresas deberían mantener o incrementar sus inversiones en adaptación al cambio climático, reflejando que la resiliencia es un factor cada vez más relevante para la creación de valor y la competitividad a largo plazo.

En un entorno donde el riesgo climático ya forma parte del escenario económico, invertir en adaptación significa proteger el desarrollo del país, fortalecer la confianza de los inversionistas y construir una economía más resiliente y preparada para el futuro.