Memoria fotográfica de peruanos y peruanas que en costa, sierra y selva se apasionan por el deporte rey.
José Vadillo Vila
Periodista
jvadillo@editoraperu.com.pe
Fotos: Archivo Histórico del Diario Oficial El Peruano (*)
Mientras Mbappé y Messi planifican sus estrategias para hacerse de la Bota de Oro de la Copa el domingo 19 de julio; mientras la Reniec anuncia que 563 connacionales adoptaron el nombre de Haaland en la pila bautismal para que la estrella del noruego los alumbre, el juego más sencillo del planeta, el que solo necesita de una pelota, de cuatro ladrillos para delimitar los arcos y de unos tipos en igual número que se animen a patearla, es el deporte que se juega en todo el Perú y balnearios.
Todo por todo. Lima (1 diciembre 1974). En Lurín, el Atlético Racing y el Cinco Esquinas de Chosica en un partido de la Copa Perú. Foto: Archivo Histórico de El Peruano / Jorge Sedano.
El fútbol llegó importado como “soccer” con pelota de trapo y los pantalones cortos por los ingleses, esto a fines del siglo XIX. Poco a poco, vía el puerto del Callao, los clubes de “sports” y los caminos de herradura, fue labrándose su buena fama y peruanizando su pasión. Pasó de deporte de extranjeros a favorito de multitudes.
¿Qué lo hace único? Esa sencillez de solo bastarse de dos equipos y una pelota. De que, hasta el más malo, puede, en algún momento, llegar a patear un balón hacia el espacio vacío delimitado por tres palos y el césped, y sentirse importante. Gooool.
Pasión andina. Cusco (16 enero 1974). El Mariano Santos de Urcos logra batir la resistencia del Salesianos Cusco. Foto: Archivo Histórico de El Peruano
Sin VAR ni FIFA, con las reglas elementales y el entendimiento genérico, el deporte rey ha llegado a todo espacio geográfico donde el hombre peruano ha decidido vivir y trabajar.
Todos querían ser laterales, mediocampistas o delanteros; algunos recios, defensores; y los menos talentosos, eran enviados con resignación al arco o al eterno banco de suplentes jamás convocados. Era la norma.
Los nuevos monarcas. Lima (1 mayo 1976). El capitán del club Galaxia Apolo levanta la copa del Mundialito de El Porvenir. Foto: Archivo Histórico de El Peruano / Alejandro Aguirre
¿Y los árbitros? Muchas veces se escogían, valgan verdades, a las personas no por un conocimiento especial en material futbolera ni diploma de especialización, solo por ser los mayores para el resto. ¿Maestro, un favor, puede ser el árbitro?
Creo que la teoría más certera es que la expansión geométrica del fútbol fue gracias a la televisión, llamada también caja boba, y la inversión de las empresas cerveceras en este deporte de 11 contra 11. Hablo de una era pleistocénica, antes que las empresas online de apuestas y sus ubicuos anuncios coparan el interés del fútbol del siglo XXI.
La vida tras el balón. Lima (15 diciembre 1974). En cualquier rincón de la capital, la pasión por el deporte rey siempre encontró su cancha. Foto: Archivo Histórico de El Peruano / Hugo Méndez.
Barrio, pavimento y adrenalina
El fútbol de barrio fue el primer eslabón que unía a cualquier niño con el balompié para toda su vida. Jugadas en las pistas, sorteando bocinazos de los carros, hicieron crecer a generaciones de peruanos. Los vidrios rotos de la casa de algún vecino y sus gritos pusieron la adrenalina y los castigos a la vida de más de un futuro pichanguero.
En los recreos, un niño promedio peruano era feliz pateando una pelota con sus amigos y ahora, tras los exámenes de medio año, emula con sus compañeros las jugadas de los mundialistas o las tapadas de “Vozinha”.
El fútbol de las losas deportivas, y hoy de las canchas sintéticas, es solo la continuación natural de estos primeros espacios barriales, donde se dan cita los amigos contra otros similares.
Tarde victoriana. Lima (1 mayo 1976). Entrega total de los jugadores en El Mundialito de El Porvenir y la euforia de la hinchada. Foto: Archivo Histórico de El Peruano / José Risco
Campeonato sonoro
El escritor mexicano Juan Villoro tiene otra hipótesis. Asegura que uno se vuelve fanático del fútbol gracias a las ondas sonoras y el lenguaje bien planteado por un estratega de las palabras.
La palabra hablada, esa capacidad (¿perdida?) de crear jugadas de ensueño gracias a una narración casi mágica, solo lo lograban los grandes narradores. Entonces, el mundo era sonoro, venía en un pequeño aparato de radio portátil, sabía de pilas sulfatadas y generaba en el radioescucha una ansiedad o placer que aún hoy no encuentra parangón ni con IA y drones con cámaras.
Porque el mundo del fútbol era más rico cuando se escuchaba por la radio, más vívido, paradójicamente, que cuando uno enciende la televisión para “ver” en pantalla LED a los hombres correr tras la pelota acompañados de comentarios sin ingenio ni genio. Por eso el recordado Emilio Lafferranderei, “El Veco”, tenía una frase que sintetizaba aquel asunto subliminal: “oído a la música”.
Pasión amazónica. Loreto (24 agosto 1983) Dos mujeres de Iquitos son testimonio pionero del fútbol femenino amateur en el Perú. Foto: Archivo Histórico de El Peruano / Rómulo Luján.
Deporte impreso
Que disculpe el español Miker Merino, quien dice que es “surrealista”, ingresar casi al final del partido y anotar el gol decisivo para empujar a su equipo a los cuartos de final del Mundial, pero los argentinos pueden decir que inventaron para esta parte del mundo el fútbol escrito.
Los grandes cronistas del balompié y fotógrafos especializados surgieron entre tangos y los mataderos de vacunos en El Gráfico, casi una escuela profesional del periodismo deportivo.
Edificios como tribunas. Lima (1 mayo 1976). Mas de seis mil personas participaron de la gran final del Mundialito de El Porvenir. Foto: Archivo Histórico de El Peruano / Virgilio Molero
Mundialito de El Porvenir
El fútbol se hizo preocupación de multitudes peruanas desde la década del sesenta. Fue en 1967 cuando se inauguró la Copa Perú, donde el fútbol amateur mide sus capacidades. Puro físico, quimba, técnica, inspiración y algún consejo a gritos del entrenador.
Pero si hablamos de “fútbol macho”, no hay mejor espacio que el Mundialito de El Porvenir, en La Victoria, cuna de peloteros. Donde los hijos del pueblo celebran el 1 de mayo defendiendo sus camisetas a puro punche, y también metiendo goles.
Si en La Bombonera, el estadio del Boca Juniors, parece que los hinchas se van a caer sobre la cancha, los edificios de El Porvenir saben vivir situaciones similares, de vértigo, cada Día del Trabajador. Ahí, hasta las hormigas alquilan sillas para no perderse una jugada, mientras los vasos con espumante cerveza, las polladas, los anticuchos y los parlantes salseros se multiplican como los panes de Cristo.
Postal andina. Cusco (21 setiembre 1999). El fútbol entre mujeres de las comunidades campesinas de Yaurisque, en Paruro. Foto: Archivo Histórico de El Peruano / Jack Ramón.
A pata calata y con ojotas
El fútbol es un deporte democrático. Aunque la gran mayoría de nuestros héroes locales nacieron en barrios populares, como los de casi todo el mundo, tenemos próceres del balompié de clase media alta.
Y las mujeres ya no son simples espectadoras. En las alturas andinas, en la selva y en el recio desierto, las peruanas y peruanos paran la pelota, también a pata calata o en ojotas, y ellas se lanzan al cuadrilátero a veces con más habilidad que muchos caballeros. Es que ese instante único de gritar “gol” a todo pulmón, es un deseo escondido, que quien no quiere vivir o aplaudir. Así es nuestro jogo bonito, como decía Pelé, señoras y señores.