Editorial
En el encuentro se reafirmó el compromiso de profundizar los mecanismos de interoperabilidad en materia de Defensa y Seguridad, con el fin de responder de manera conjunta a los nuevos retos que enfrenta la región.
El Perú tiene una larga relación de cooperación en materia de seguridad hemisférica. En momentos críticos, como la Segunda Guerra Mundial, ayudó a los aliados encabezados por Estados Unidos y países europeos con el fin de derrotar a la amenaza autoritaria de las naciones del eje.
En el gobierno del presidente Manuel Prado Ugarteche, nuestro país apoyó el programa Solidaridad Continental al suministrar materias primas estratégicas como el caucho, cobre, zinc, plomo, algodón para los uniformes y petróleo. Se congeló los activos y se bloqueó el comercio con cualquier empresa de la Alemania nazi.
Tras la guerra, el Perú firmó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en Río de Janeiro el 2 de setiembre de 1947. Este acuerdo establecía la defensa mutua de cualquier país suscrito contra un ataque armado de una nación que no fuera del continente americano.
Al terminar la Guerra Fría, la seguridad toma un nuevo giro y se enfoca en la lucha compartida contra el narcotráfico. Washington comienza a brindar asistencia financiera y militar a los países andinos con la firma de la Declaración de Cartagena del 15 de febrero de 1990.
Los repudiables atentados del 11 de setiembre de 2001 en Nueva York y Washington son decisivos para colocar la atención sobre el binomio narcotráfico y terrorismo en el mundo. En el Perú, Washington se enfoca en el apoyo logístico y entrenamiento a personal militar en la zona del Vraem (Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro) en su lucha contra los remanentes de Sendero Luminoso que forman alianza con los traficantes.
En las últimas décadas, el desarrollo de la globalización también potenció el crimen organizado transnacional, que utiliza el desarrollo de las telecomunicaciones, la mayor movilidad de personas y recursos financieros, más allá de las fronteras.
Ahora, los nuevos desafíos ya no se relacionan solo con el narcotráfico, sino también con la minería ilegal, la tala ilegal, el tráfico de armas, el cibercrimen, la trata de personas, entre otros delitos. Ante estas nuevas mutaciones criminales es muy difícil que un país alcance el éxito en su lucha, por eso la cooperación se hace imprescindible.
Por tal motivo, las delegaciones del Perú y Estados Unidos reafirmaron su compromiso de ampliar oportunidades de cooperación en transferencia tecnológica, fortalecimiento de la base industrial y coordinación regional.