Opinión

Educadora
Llegué al cargo en una coyuntura política complicada como integrante de un gobierno de transición. Tenía claro que el tiempo era muy corto para trabajar en beneficio de estudiantes, docentes e instituciones educativas, por lo que había que concentrarse en lo esencial del servicio educativo y dejar un panorama ordenado a la nueva administración.
Gobernar y gestionar van mucho más allá de ejecutar planes o firmar documentos. Es escuchar y comprender que detrás de cada decisión hay una historia, una comunidad educativa y una legítima expectativa de mejora.
Por eso, durante mi gestión procuré que el protagonismo no estuviera en la ministra, sino en quienes viven día a día los desafíos de la educación: docentes, estudiantes, directores y padres de familia. También estuvieron en el centro de nuestra atención los dirigentes y representantes de distintos sectores, con quienes mantuvimos siempre disposición al diálogo.
La comunicación, la verdad y el respeto orientaron cada decisión. Pese a las limitaciones presupuestales, nunca renunciamos a actuar con transparencia ni a construir soluciones junto con la comunidad educativa.
En estos meses se dieron pasos importantes en educación básica y superior, se fortalecieron acciones en infraestructura y cobertura educativa y se atendieron demandas históricas de los docentes. Nada de ello habría sido posible sin el trabajo conjunto con las regiones.
Tuve también el privilegio de recorrer distintas regiones del país. Compartir con estudiantes, docentes y autoridades educativas me permitió conocer realidades diversas, pero también una misma aspiración: que la educación siga siendo el principal camino para construir oportunidades y transformar la vida de las personas.
Quiero expresar mi profundo reconocimiento a los maestros del Perú, quienes con paciencia, dedicación y vocación acompañan a sus estudiantes mucho más allá de las aulas.
Al concluir esta etapa, agradezco la confianza que me brindó el presidente José María Balcázar para servir al país. Me retiro con la satisfacción de haber trabajado con honestidad y espíritu de servicio, convencida de que la confianza, construida entre personas, seguirá siendo la base para la educación que el Perú merece.