• MARTES 14
  • de julio de 2026

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Hilando el futuro: Yandeli Quispe borda prendas con el espíritu y legado de Pinchollo

Con el apoyo del Programa Juntos ha logrado preservar la tradición de su pueblo y consolidar un proyecto de vida que ya genera reconocimientos.

Allí nació Yandeli Quispe Cayusi, en medio de un paisaje de andenes, montañas y fiestas comunales, donde las mujeres son reconocidas por la destreza de sus manos y el colorido de sus bordados. 


Desde niña, observaba cómo su madre pasaba largas horas frente a la mesa, combinando hilos de múltiples colores para dar vida a polleras, mantos y trajes típicos que se lucían en las fiestas patronales, danzas y celebraciones como el tradicional Wititi, declarado Patrimonio Cultural de la Nación. 

Aquellos recuerdos de infancia no solo marcaron su identidad, también se convirtieron en la semilla de un proyecto de vida. A los 18 años, Yandeli, embarazada, se trasladó a la provincia de Arequipa junto a su pareja. Era el 2013 y, aunque la distancia la separaba de su tierra natal, no dejó atrás sus costumbres.

Un nuevo comienzo 

En su nuevo lugar de residencia, notó que las oportunidades eran escasas, las necesidades muchas y tenía el reto de convertirse pronto en madre, lo que la obligó a madurar de golpe. A pesar de todo, encontró allí un espacio para reinventarse.

Su suegro, costurero de oficio, y su madre, bordadora experimentada, fueron el puente para que ella y su pareja, quienes compartían la pasión por las danzas, comenzaran a elaborar llicllas, polleras típicas, corpiños, chaquetas y camisas, manteniendo viva la herencia textil de su comunidad y adaptándola a un nuevo contexto urbano. 

Han pasado los años y Yandeli ya es madre de dos hijas: Marjorie de apenas siete meses y Mileth de once años. La mayor asiste puntualmente a la escuela y la menor cumple con sus controles en salud. “Todo lo que hago, es por ellas. Quiero que tengan más oportunidades que yo, que estudien, se preparen y estén siempre orgullosas de sus raíces”, comenta. 


El bordado, más que un oficio, se convirtió en una forma de vida que le permite sostener a su familia, transmitir valores de disciplina y dedicación a sus hijas, además de reafirmar el vínculo con su cultura. 

Sin embargo, el camino no ha sido lineal. Después de la pandemia, las celebraciones regresaron a su pueblo con más fuerza y, con ellas, la demanda de vestimentas típicas. 

Si bien, los pedidos aumentaban en fechas clave como agosto, mes de fiestas patronales, y enero, época de carnavales, sostener el negocio el resto del año era un verdadero reto. La inestabilidad de ingresos y la falta de conocimientos en gestión limitaban su crecimiento. Fue entonces que en julio del 2024 el hogar de Yandeli ingresó al programa Juntos, marcando un nuevo comienzo en su vida.

“Gestiono mejor mis ingresos” 

Los incentivos económicos que empezó a recibir del programa social no solo se destinaban a la alimentación, salud y educación de sus hijas, también al impulso de su emprendimiento. Fue así que, con dedicación, Yandeli pudo mejorar sus técnicas, adquirir materiales de mejor calidad y ampliar su catálogo de confecciones. Ahora sus bordados, además de ser reconocidos en Pinchollo, son demandados en todo Arequipa. 

También asegura que las visitas domiciliarias de los gestores locales fueron de gran ayuda porque, además de recordarle la importancia de cumplir con sus compromisos en salud y educación, la motivaron a seguir capacitándose en temas financieros, productivos y de organización familiar.
 
“Antes no sabía administrar lo que ganaba. Ahora, gracias al programa Juntos, sé organizarme, gestiono mejor mis ingresos, separo dinero para mis hijas y puedo reinvertir”, asegura Yandeli. 

El impacto de este cambio se ve reflejado en su economía, pero también en su autoestima. Hoy se siente más segura de sí misma, más preparada para enfrentar los desafíos y más consciente de que su trabajo no solo es una fuente de ingresos, sino un aporte a la preservación cultural. 

El sueño de Yandeli es consolidar una empresa formal de confección textil que le permita llevar sus productos a más lugares, garantizar un ingreso estable para su familia y revalorar la cultura de su tierra.
 
“Quiero que mis confecciones sean reconocidas y mis vestimentas sean usadas por artistas”, menciona Yandeli con una mirada de esperanza. Sabe que el camino no es fácil y aún hay retos, pero también sabe que no está sola, el respaldo de su familia y del programa Juntos la impulsa a seguir adelante. 

Cada puntada que da es un homenaje a su herencia, una apuesta por la identidad y un mensaje de que la tradición también puede abrir puertas hacia el futuro, sobre todo cuando se combina con formación, compromiso y apoyo del Estado. 

La historia de Yandeli es la muestra de que la cultura no es estática, sino que vive, respira y se adapta en cada generación. Y en sus manos, la aguja y el hilo no solo confeccionan vestimentas, sino también esperanzas.

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