La palabra se elige con intención; sin embargo, esa elección no es del todo imparcial.
Paola Celi Arellano
Profesora de la Facultad de Humanidades. Universidad de Piura
La intención y el contexto son fundamentales. Escribí hace unos años, en plena pandemia, un artículo sobre la palabra “serrano”, en el que afirmo que la conjugación de factores contextuales permite distinguir entre el uso racista y el uso no racista del término. Pongamos un ejemplo: un joven que paseaba a su mascota fue intervenido por miembros de serenazgo que le exigieron colocarse la mascarilla o retirarse a su domicilio. Entre otros insultos, el joven gritó “serranos igualados”, como manifestación de desobediencia y de superioridad hacia la autoridad, bajo el falso supuesto de que un serrano no puede dar una orden a una persona que no se considera igual a él, sino superior.
En cambio, en una situación en que una madre abraza a su hijo pequeño y le dice “mi serrano hermoso” no hay muestras de racismo.
Queda demostrado que la connotación racista está marcada por el propósito del término y por cómo se usa –el tono de voz, los gestos–; y que el problema no está en la palabra en sí, sino en la actitud del hablante, sus intenciones, creencias y prejuicios.
La palabra se elige con intención; sin embargo, esa elección no es del todo imparcial. En el libro Verdad y método, Hans Gadamer afirma que aunque el primer adiestramiento lingüístico, que nos lleva al uso convencional de nuestro idioma, se da en la escuela, la política tiene mayor alcance. Según Gadamer, esta puede utilizar la palabra como un instrumento manejado deliberadamente. Si se utiliza un sistema de comunicación de control central, incluso es posible “ejercer influencia creando regulaciones lingüísticas por una vía técnica”, señala.
La censura. La sociedad en general impone o restringe el uso de los términos, por ejemplo, mediante la censura. En TikTok, los vendedores de ropa han reemplazado la palabra negro por morocho porque cada vez que mencionan el color negro de sus productos, la plataforma cancela el video o la transmisión.
Esta restricción tiene su origen en el contexto de Estados Unidos. El destacado jurista Kendall Kennedy afirma que negro es parte de “la banda sonora del racismo estadounidense”. Él cuenta, por ejemplo, cómo se le obligó a un profesor a no pronunciar la palabra con N en clase: “En 2019, miembros de la Asociación de Estudiantes de Derechos Negros de Chicago expresaron objeciones detalladas. El presidente del grupo argumentó que la vocalización del insulto, por parte del profesor Stone, ‘daña, perturba y distrae a los estudiantes’”.
Hay que tener especial cuidado con estas restricciones, pues ningún signo del idioma es dañino per se, sino que es necesario analizar el contexto de su uso. Aquí radica la importancia de la pragmática del discurso.
En conclusión, lo que siempre debe primar es la libertad de elegir las palabras que usamos; después de todo, estas nos permiten inferir las verdaderas intenciones de nuestro interlocutor y lo que realmente comprende –o intenta ocultar– sobre las realidades que está nombrando. A propósito de esto, no debemos olvidar que el lenguaje tiene un inmenso poder con efectos directos en nuestro entorno y, como tal, podemos usarlo para lograr una comunicación efectiva y pacífica, que fortalezca el respeto en la sociedad; o, lamentablemente, para causar daños, manipular y generar conflictos.
El poder de elección que reside en cada uno conlleva también una responsabilidad ciudadana y ética. Quienes ejercen la libertad de nombrar, especialmente desde posiciones de autoridad, no deben utilizarla para resguardarse en una oscuridad jerárquica que excluye a las personas, ni tampoco deben caer en la trampa de los populismos, que manipulan, empleando un lenguaje engañosamente simple, para omitir la verdadera dimensión de los problemas del mundo.
El poder de elección está en nosotros: elijamos palabras que garanticen nuestra libertad y que, al mismo tiempo, expliquen y abracen la complejidad de la realidad, sin oscurecerla ni distorsionarla con verdades a medias.