Editorial
En ese contexto, el reciente escenario de riesgo presentado por el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), que identifica a cerca de ocho millones de peruanos expuestos a inundaciones y otros peligros asociados al fenómeno El Niño, constituye un llamado que no admite postergaciones. Cada día que transcurre sin que se adopten las medidas necesarias reduce el margen de respuesta y aumenta la posibilidad de que los daños materiales y humanos sean mayores.
El Perú conoce bien las consecuencias de este fenómeno climático. Los eventos registrados en 1983, 1998, 2017 y 2023 dejaron lecciones dolorosas sobre la vulnerabilidad de numerosas ciudades, la fragilidad de parte de la infraestructura y el enorme impacto que las lluvias intensas pueden ocasionar sobre la vida de miles de familias.
Los informes elaborados por entidades especializadas no deben permanecer como documentos de consulta. Su utilidad depende de que sirvan de base para la adopción de decisiones concretas. La limpieza y descolmatación de ríos y quebradas, el mantenimiento de los sistemas de drenaje, la protección de puentes, carreteras, establecimientos de salud e instituciones educativas, así como la intervención de los puntos críticos identificados por las autoridades, constituyen acciones que deben ejecutarse con la mayor celeridad posible.
La preparación de la población también constituye un componente indispensable de esta tarea. Elaborar y actualizar planes de evacuación, identificar rutas seguras, fortalecer la organización comunitaria y promover una cultura de prevención contribuirán a reducir significativamente los riesgos cuando comiencen las lluvias más intensas. La gestión del riesgo de desastres no depende únicamente de la infraestructura; requiere también de ciudadanos informados y preparados para actuar con serenidad y eficacia frente a una emergencia.
Igualmente importante será mantener una estrecha coordinación entre el Gobierno nacional, los gobiernos regionales y locales, las instituciones técnicas y la sociedad civil.
La magnitud de los desafíos que plantea un eventual fenómeno El Niño exige una respuesta articulada, sostenida y basada en criterios técnicos, dejando de lado la improvisación y priorizando la protección de la población.
Los fenómenos naturales no pueden evitarse, pero sus consecuencias sí pueden mitigarse cuando existe planificación, coordinación y voluntad de actuar a tiempo. El periodo que resta antes del inicio de la temporada de lluvias representa una oportunidad que el país no debe desaprovechar.