• VIERNES 24
  • de julio de 2026

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Nuevos liderazgos para la innovación pública


Editor
Rossella Leiblinger Carrasco

Abogada y magíster en Ciencia Política y Gobierno


En las últimas décadas, el Estado peruano ha impulsado procesos de modernización vinculados a la transformación digital, la mejora regulatoria, la gestión por resultados y el fortalecimiento del servicio civil. Estos avances han ampliado las capacidades institucionales y colocado la innovación pública en la agenda estatal. Sin embargo, la experiencia demuestra que las herramientas tecnológicas y los marcos normativos, por sí solos, no garantizan mejores resultados. Su impacto depende de directivos capaces de promover el aprendizaje, la colaboración y la mejora continua. La innovación pública es, sobre todo, un desafío de liderazgo.

Durante el siglo XX, las organizaciones públicas se estructuraron bajo modelos jerárquicos que asociaban el liderazgo con la autoridad formal y el control (Weber, 2014). Aunque este enfoque respondió a contextos más estables, la complejidad de los problemas actuales exige formas de conducción más colaborativas, flexibles y orientadas al aprendizaje.

Hoy se necesitan directivos capaces de escuchar antes de decidir, aprender de la experiencia y construir acuerdos entre actores diversos. La escucha deja de ser una habilidad complementaria para convertirse en una condición esencial para diseñar mejores políticas públicas. Sin la información que aportan los equipos de trabajo y la ciudadanía, las decisiones pierden pertinencia y eficacia.

Innovar también implica asumir riesgos. En instituciones donde los sistemas de control privilegian la sanción del error, la inacción suele percibirse como la opción más segura. Por ello, formar nuevos liderazgos no depende únicamente de la capacitación, sino también del diseño institucional: requiere revisar cómo seleccionamos, evaluamos y respaldamos a quienes conducen las entidades públicas.

El Estado también debe aprovechar mejor su talento. Según Servir (2023), las mujeres ocupan el 34% de los cargos directivos públicos. Incrementar esa participación no solo responde a un principio de igualdad, sino que fortalece la diversidad de perspectivas y mejora la calidad de las decisiones.

La innovación pública dependerá de líderes capaces de movilizar equipos, sostener decisiones difíciles y construir confianza. Escuchar, liderar y decidir son capacidades inseparables para consolidar un Estado más eficaz, moderno y orientado al bienestar de la ciudadanía.