Opinión
Director nacional del Senati
En ese contexto, la formación técnica y tecnológica representa una de las mayores oportunidades para acelerar el desarrollo del país, por lo que merece un lugar prioritario en la agenda pública. Sobre todo porque miles de jóvenes buscan acceder a empleos que les permitan construir un proyecto de vida, mientras que diversos sectores enfrentan dificultades para encontrar personal técnico calificado.
Industrias como la minería, la manufactura, la construcción, la energía y otras demandan cada vez más profesionales con competencias técnicas, experiencia práctica y capacidad para adaptarse a las nuevas tecnologías. Esta necesidad seguirá creciendo conforme avance la digitalización, la automatización y la incorporación de herramientas basadas en inteligencia artificial en los procesos de la industria.
No se trata solo de cubrir vacantes, sino de desarrollar el capital humano que permitirá al Perú incrementar su productividad y aprovechar nuevas oportunidades de inversión y crecimiento. En ese escenario, es importante que el nuevo gobierno fortalezca la articulación entre la educación técnica, las necesidades de la manufactura y las políticas de desarrollo económico.
Impulsar una mayor vinculación entre los centros de formación y las empresas, promover la actualización permanente de las competencias técnicas y facilitar el acceso a programas de capacitación pertinentes son medidas que pueden generar un impacto concreto tanto en la empleabilidad como en el crecimiento de la industria.
La experiencia internacional demuestra que los países con mayores niveles de competitividad han logrado construir sistemas sólidos de educación técnica mediante una estrecha colaboración entre el Estado, el sector productivo y las instituciones educativas. Esta articulación permite que los programas formativos respondan a las necesidades reales de la economía, favorezcan la innovación y preparen a los trabajadores para los cambios que exige el mercado laboral.
En el caso peruano, este esfuerzo debe complementarse con una mayor descentralización de la formación técnica. Fortalecer la oferta educativa considerando estas particularidades permitirá desarrollar talento local, impulsar las economías regionales y contribuir al bienestar de miles de jóvenes sin necesidad de migrar hacia las grandes ciudades.
Hoy, resulta fundamental seguir promoviendo el reconocimiento social de la educación técnica. Muchos de los perfiles con mayor demanda y mejores perspectivas laborales requieren precisamente de este tipo de preparación especializada. Estos profesionales desempeñarán un papel determinante en la implementación de nuevas tecnologías, la optimización de procesos y el incremento de la competitividad empresarial.
La formación técnica no debe entenderse únicamente como una alternativa educativa, sino como una política estratégica para el desarrollo nacional. Apostar por el talento técnico significa fortalecer la productividad, atraer inversiones y generar empleo formal. Impulsarla como un asunto estratégico permitirá construir un Perú más competitivo, inclusivo y preparado para enfrentar los desafíos del futuro.