• LUNES 27
  • de julio de 2026

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Tecnocracia con horizonte ético


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Decano de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Científica del Sur


Por eso, la estrategia de colocar a personas en las posiciones decisivas a nivel político –con impacto directo en la movilización de recursos– requiere, de manera imprescindible, que sean individuos probos, totalmente íntegros y coherentes con una visión de país sin corrupción. Aunque un individuo esté altamente preparado para resolver situaciones complejas y haya demostrado un profesionalismo reconocible, en ningún caso debe ser suficiente si existen observaciones o dudas sobre su trayectoria ética. No hay modo de permitir que sus capacidades tecnocráticas sean vistas como garantía suficiente de eficiencia si estas no se encuentran solventadas por una conducta intachable.

Miles de millones de soles se pierden anualmente tanto por la mala gestión como por la corrupción. Esa combinación resulta letal para el Perú, y ocurre tanto con las autoridades elegidas como con las designadas. Esto hace necesario que en las etapas electorales exista un voto informado y una educación democrática permanente. El ideal es ampliar las posibilidades de elegir adecuadamente. Al momento de votar, debemos ser conscientes de la trascendencia de nuestra responsabilidad ante el candidato que elijamos.

En el caso de las autoridades designadas, la responsabilidad recae totalmente en quien toma la decisión. En ese sentido, el tamiz principal es la garantía ética para que aquellos considerados tecnócratas —es decir, volcados estrictamente a los asuntos de gestión— cuenten también con una alta sensibilidad social. Gobernar con indicadores estadísticos, pero articulados a un compromiso cívico tejido con integridad, es lo necesario para cambiar el rumbo del país.

Hemos errado muchas veces el camino no solo por tendencias ideológicas cerradas, sino porque se ha ignorado todo comportamiento ético y se han cruzado las líneas rojas del respeto y la honestidad, dilapidando recursos para el goce personal e hipotecando el futuro de nuestra nación. Los peruanos merecemos un buen gobierno, sustentado en una ética indiscutible que nos devuelva la esperanza.