• JUEVES 30
  • de julio de 2026

Editorial

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Una hoja de ruta para el Perú

Construir acuerdos no implica renunciar a las convicciones ni desconocer la diversidad de posiciones existentes en la sociedad. Significa reconocer que existen objetivos superiores [...] que deben convocar el esfuerzo conjunto de todos

Toda gestión comienza con una visión de país y con la definición de prioridades. En su mensaje, la presidenta delineó una hoja de ruta que sitúa como objetivos inmediatos la atención de dos de las mayores preocupaciones del país: la mitigación de los efectos del fenómeno El Niño y el fortalecimiento de la seguridad ciudadana. A partir de esas prioridades, anunció una agenda orientada a reducir las brechas sociales, impulsar la infraestructura, promover el crecimiento económico, afianzar el Estado de derecho y consolidar la integración regional. Se trata de una propuesta que busca responder a demandas ampliamente compartidas por la ciudadanía y que marca el punto de partida de la nueva gestión.

Más allá de los anuncios específicos, el inicio de una nueva administración invita a reflexionar sobre un aspecto fundamental de la gestión pública: la capacidad del Estado para transformar los compromisos en resultados. Los diagnósticos sobre los principales problemas nacionales son ampliamente compartidos. La necesidad de fortalecer la seguridad ciudadana, prepararse frente a los efectos de los fenómenos naturales, mejorar la calidad de los servicios públicos, reducir las brechas sociales y promover un crecimiento económico sostenido han ocupado un lugar permanente en la agenda nacional durante los últimos años.

El verdadero desafío consiste ahora en ejecutar políticas públicas eficaces, oportunas y sostenibles que permitan ofrecer respuestas concretas a esas necesidades. La ciudadanía espera un Estado que actúe con rapidez, que coordine adecuadamente entre sus distintos niveles de gobierno y que utilice los recursos públicos con eficiencia y transparencia. Cada política requiere planificación, liderazgo, capacidad técnica y continuidad para que sus beneficios lleguen efectivamente a quienes más los necesitan.

En esa tarea, la conformación del nuevo Gabinete Ministerial adquiere especial relevancia. Los ministros no solo tendrán la responsabilidad de conducir sus respectivos sectores, sino también de convertir los lineamientos expuestos por la presidenta en acciones concretas y coordinadas. La complejidad de los retos nacionales exige una labor articulada entre las distintas entidades del Ejecutivo, así como una estrecha coordinación con los gobiernos regionales y locales, cuyo papel resulta indispensable para que las políticas públicas alcancen a toda la población.

Las primeras declaraciones de los integrantes del Gabinete, orientadas al diálogo, la responsabilidad en el manejo de la economía, la generación de empleo y el fortalecimiento del servicio al ciudadano constituyen señales que deberán traducirse en una gestión eficiente y orientada a resultados. La experiencia demuestra que la capacidad de un gobierno no depende únicamente de la definición de objetivos, sino también de la calidad de sus equipos, de la coordinación entre las instituciones y de la voluntad para ejecutar las decisiones adoptadas.

Tan importante como la ejecución será la capacidad de construir consensos. El Perú enfrenta desafíos que exceden el ámbito de una sola gestión gubernamental y que requieren políticas de Estado sostenidas en el tiempo. La prevención frente a los desastres naturales, la lucha contra la delincuencia, la mejora de la educación y la salud, el desarrollo de infraestructura, la promoción de la inversión y la reducción de la pobreza son objetivos nacionales que solo podrán alcanzarse mediante la participación responsable de todos los niveles de gobierno y el compromiso de los distintos actores de la sociedad.

En ese sentido, resulta especialmente significativo el llamado formulado por la presidenta al diálogo con las fuerzas políticas, las autoridades regionales y locales, el sector empresarial y la ciudadanía. En una democracia, las diferencias de opinión son naturales e incluso enriquecen el debate público. Sin embargo, la confrontación permanente termina debilitando la capacidad del Estado para atender las necesidades de la población y retrasa decisiones que resultan indispensables para el desarrollo del país.

Construir acuerdos no implica renunciar a las convicciones ni desconocer la diversidad de posiciones existentes en la sociedad. Significa reconocer que existen objetivos superiores —la seguridad de los ciudadanos, la protección de los más vulnerables, el crecimiento económico, la estabilidad institucional y el desarrollo nacional— que deben convocar el esfuerzo conjunto de todos los peruanos. El diálogo fortalece las instituciones, genera confianza y crea las condiciones necesarias para que las políticas públicas puedan desarrollarse con continuidad y previsibilidad.

El inicio de una nueva administración representa siempre una oportunidad para fortalecer la confianza en el Estado y en la capacidad de sus instituciones para servir mejor a la ciudadanía. Las prioridades han sido planteadas y los compromisos asumidos públicamente. Corresponderá ahora a las nuevas autoridades conducir la gestión con eficiencia, transparencia y vocación de servicio, convirtiendo los anuncios en políticas públicas eficaces y los objetivos en resultados verificables. Esa será, en definitiva, la mejor forma de responder a las expectativas de la población y de consolidar una gestión orientada al bienestar de todos los peruanos.