Opinión
Investigador Renacyt
En esencia, una tesis es la culminación del proceso formativo y la oportunidad de demostrar que la universidad ha desarrollado en el estudiante competencias para investigar con pensamiento crítico y ética. Sin embargo, la elaboración de una tesis continúa siendo uno de los mayores desafíos. Su dificultad no radica únicamente en el dominio de la metodología de investigación, sino también en la falta de una cultura investigadora que acompañe al estudiante en el inicio de su carrera.
En muchos casos, la investigación se concentra únicamente en los últimos semestres, cuando el tiempo es limitado y la presión por culminar los estudios es cada vez mayor. A ello se suma una realidad que pocas veces se discute: la calidad de una tesis depende en gran medida del proceso de asesoría. Un buen asesor no solo revisa documentos o corrige aspectos formales; orienta, cuestiona, motiva y forma investigadores. Así como se evalúa el desempeño docente en el aula, también debería implementarse un sistema permanente de evaluación y mejora para los asesores de investigación.
Por ejemplo, sería recomendable contar con dos tipos de asesores: un experto en la especialidad de la carrera y otro docente especialista en metodología de la investigación científica. Es así como sería necesario fortalecer los mecanismos que garanticen la calidad de las tesis, homologando criterios de evaluación, mayor exigencia académica y el uso de buenas prácticas de investigación. Una universidad comprometida con la excelencia no puede conformarse con aprobar investigaciones que solo cumplen requisitos formales; debe aspirar a formar profesionales capaces de generar conocimiento con impacto. Finalmente, conviene reflexionar sobre una paradoja del sistema universitario. La investigación no debería concentrarse en un único trabajo final, sino convertirse en una competencia que se fortalezca progresivamente a lo largo de toda la carrera mediante proyectos, publicaciones, seminarios y experiencias de investigación aplicada.
Si realmente aspiramos a elevar la calidad de la educación superior en el Perú, debemos dejar de ver la tesis como el último obstáculo para graduarse y comenzar a entenderla como un proceso permanente de aprendizaje. Formaremos profesionales que no solo obtengan un título, sino que también contribuyan con soluciones fundamentadas a los desafíos que enfrenta nuestro país.