• JUEVES 30
  • de julio de 2026

Editorial

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Prioridades pertinentes

“Priorizar aquellas políticas destinadas a preservar la seguridad de las personas y reducir los riesgos frente a fenómenos naturales representa una señal clara sobre el rumbo que busca seguir la nueva administración”.

La decisión merece atención porque ambos desafíos tienen un elemento común: la protección de la vida. Cada temporada de lluvias intensas pone en riesgo a miles de familias, mientras que la delincuencia continúa generando preocupación entre ciudadanos que aspiran a desarrollar sus actividades con tranquilidad.

En materia de prevención frente al fenómeno El Niño, el anuncio de priorizar acciones anticipadas constituye un enfoque que responde a una necesidad largamente identificada por el país. Durante décadas, las emergencias han puesto de manifiesto la importancia de fortalecer las capacidades preventivas, ejecutar obras de mitigación con criterios técnicos y mejorar la coordinación entre los distintos niveles de gobierno. Cada intervención realizada antes de la emergencia representa una oportunidad para reducir riesgos, proteger a la población y preservar infraestructura esencial para el desarrollo nacional.

Algo similar ocurre con la seguridad ciudadana. La lucha contra la delincuencia exige decisiones oportunas, instituciones fortalecidas y una acción coordinada entre las entidades responsables del orden interno. La ciudadanía espera que las políticas orientadas a combatir el crimen organizado, modernizar las capacidades operativas de la Policía Nacional y mejorar el funcionamiento del sistema de justicia contribuyan a recuperar espacios públicos seguros y fortalecer la confianza en las instituciones encargadas de proteger a la población.

Sin embargo, definir prioridades constituye apenas el primer paso. El mayor desafío será traducir los anuncios en políticas públicas eficaces y sostenidas. La experiencia demuestra que los resultados dependen de una adecuada planificación, de la asignación de recursos suficientes, de la coordinación entre las instituciones y del seguimiento permanente de las acciones emprendidas.

Será igualmente importante que estos esfuerzos se desarrollen en un clima de diálogo y cooperación entre el Gobierno nacional, los gobiernos regionales y locales, el Congreso, el sector privado y la sociedad civil. Los desafíos que representan la prevención de desastres y la lucha contra la inseguridad exceden el ámbito de una sola institución y requieren una respuesta articulada del Estado en su conjunto.

La protección de la vida constituye la responsabilidad más esencial de todo Estado. Priorizar aquellas políticas destinadas a preservar la seguridad de las personas y reducir los riesgos frente a fenómenos naturales representa una señal clara sobre el rumbo que busca seguir la nueva administración.