Cultural
La investigación fue liderada por el arqueólogo finlandés Martti Pärssinen, de la Universidad de Helsinki, junto con un equipo internacional que empleó tecnología LiDAR, un sistema de escaneo láser capaz de registrar el relieve del terreno bajo la cobertura forestal.
Gracias a esta metodología, los investigadores concluyeron que la denominada civilización Aquiry ocupó al menos 183.000 kilómetros cuadrados, tres veces más de lo estimado hasta ahora.
Uno de los aspectos más relevantes para el Perú es que los autores establecen que el límite meridional de esta área cultural alcanza las cercanías de Puerto Maldonado, en la región Madre de Dios.
Junto con sectores de los estados brasileños de Acre y Rondônia y el norte de Bolivia, el territorio peruano formaría parte del extremo occidental de este vasto paisaje cultural amazónico.
Este planteamiento refuerza la importancia arqueológica de la Amazonía suroriental peruana y abre nuevas posibilidades para investigar las relaciones entre las poblaciones amazónicas y las sociedades andinas durante la época prehispánica.
El equipo estima que en toda el área podrían existir entre 24.000 y 30.000 movimientos de tierra, de los cuales alrededor de dos tercios corresponderían al período de mayor desarrollo de la civilización Aquiry, entre los años 100 y 300 d. C..
Sobre la base de estos datos, los investigadores calculan una población de entre 1,25 y 3 millones de habitantes, aunque esta cifra ha generado debate entre especialistas, quienes consideran necesario ampliar las excavaciones para corroborarla.
Las estructuras identificadas consisten en grandes recintos geométricos delimitados por fosos y terraplenes.
Según los autores, habrían funcionado como centros ceremoniales, políticos y de reunión para distintas comunidades amazónicas.
Si bien el estudio no presenta evidencias de una presencia del Imperio inca en el actual Brasil ni sostiene que estas sociedades hayan formado parte del Tahuantinsuyo, sí modifica el contexto en el que deben estudiarse los contactos entre los Andes y la Amazonía occidental.
La proximidad del área identificada con Madre de Dios plantea interrogantes sobre posibles redes de intercambio entre las poblaciones amazónicas y el Antisuyo, uno de los cuatro suyos del Imperio inca.
Hasta ahora, estas relaciones permanecen como hipótesis de trabajo y requieren nuevas investigaciones arqueológicas.
Pärssinen trabaja desde hace más de dos décadas en el estudio de los geoglifos amazónicos junto con el arqueólogo brasileño Alceu Ranzi.
Sus investigaciones anteriores ya habían demostrado la existencia de sociedades complejas en Acre, pero el nuevo estudio amplía considerablemente la dimensión geográfica y demográfica de ese fenómeno.
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— Diario El Peruano (@DiarioElPeruano) July 30, 2026
?Por Ernesto Carlín Gereda (@tanquedecasma) pic.twitter.com/4BcF2sI6Rj