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Periodista
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La respuesta viene con la velocidad de un viento intenso dirigido a las compañías que se ubican, principalmente, en los departamentos del Perú que pueden verse afectados por lluvias, desbordes e inundaciones: adoptar medidas de previsión. Estas acciones de planificación y evaluaciones previas servirán para guarecerse de los impactos climáticos de los próximos meses y a futuro, como coinciden expertos en el tema.
Sectores
Los sectores agroexportador, pesquero, acuícola, minero, manufacturero, transporte, logística, construcción, infraestructura, turismo y comercio serán los más expuestos al fenómeno, advierte el abogado y experto en temas tributarios Rafael Martinelli, counsel en Garrigues.
Sin embargo, señala, en la práctica cualquier empresa podrá verse afectada, ya sea directamente por daños a sus operaciones o indirectamente por las dificultades que enfrenten sus clientes y proveedores.
“Desde una perspectiva fiscal, el fenómeno El Niño no solo genera daños materiales, sino que altera la operación del negocio. Puede reducir las ventas por una menor demanda, aumentar el costo de las materias primas por problemas de oferta, elevar los costos de transporte y seguros por la interrupción de vías, afectar la disponibilidad del personal y dañar la infraestructura de la empresa”, dijo.
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El experto sostiene que toda esta situación generará consecuencias tributarias que tienen que planificarse en forma oportuna. “Las empresas deberían revisar desde ahora sus protocolos para documentar pérdidas y destrucciones de bienes, inventarios y activos”, anota.
A la par, recomienda evaluar el tratamiento tributario de eventuales descuentos comerciales, condonaciones de deudas o donaciones; revisar las coberturas de seguros y los requisitos para sustentar el tratamiento tributario de las indemnizaciones; así como analizar el impacto de posibles financiamientos adicionales para enfrentar la emergencia.
“Las empresas que operan internacionalmente también deberían revisar el impacto tributario que podrían generar cambios en su cadena de suministro, en los precios de transferencia, en el uso de derivados financieros para cubrir riesgos de precios y en la tributación de operaciones con proveedores o clientes del exterior”, recalca Martinelli.
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Plantaciones
La directora de Asesori´a Tributaria de KPMG en Peru´, Denisse Ordóñez Gálvez, enfoca su preocupación en la agroindustria como uno de los sectores más expuestos a este fenómeno. “Desde el punto de vista fiscal, lo más importante será asumir un enfoque preventivo de eventuales pérdidas de distinta índole que se puedan generar”, afirma.
“Por ejemplo, hablamos de plantaciones que se pueden ver afectadas, y lo que tocará a las compañías, eventualmente, es darles de baja, lo cual implicará evidenciar con documentación de sustento que efectivamente se está ejecutando por una pérdida extraordinaria por un caso fortuito o de fuerza mayor, como son estos eventos naturales que no están bajo el ámbito de acción de una compañía”, explica la experta.
En consecuencia, remarca, será importante evidenciar este contexto climático en estricto, para después efectuar toda la evaluación interna que se pueda programar con motivo de las eventuales pérdidas que se generen por la furia de la naturaleza. “Además de esta acción en específico, existe el peligro de que se registren también bajas en la producción por la afectación del cambio en las condiciones climáticas respecto a los cultivos”, alerta.
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Ordóñez indica que las producciones de arándano, palta, mango, cítricos, entre otras, se pueden ver afectadas, y, en consecuencia, implicar un menor nivel de ingresos para las agroexportadoras. “Este tipo de cultivos principalmente se van al exterior, y cualquier afectación en el nivel de producción o eventualmente en la calidad puede implicar que ya no sean atractivos para el mercado del exterior por las condiciones de calidad, y se deban colocar en el mercado interno con precios más bajos”, indica.
“El hecho de que obtengas menores ingresos implicará también una menor determinación del impuesto a la renta (IR) y, como resultado, una menor recaudación para el Estado. Esta menor producción se evidencia bajo el contexto actual que está viviendo el agro y que se vivirá en los siguientes meses, pues el fenómeno está proyectado hasta abril del siguiente año”, recuerda.
Documentación
Martinelli coincide en que la documentación será el principal elemento de defensa frente a una futura fiscalización. “Por tal motivo, es recomendable implementar protocolos internos que permitan conservar fotografías, videos, informes técnicos, peritajes, reportes de aseguradoras, actas internas, inventarios antes y después del evento, comunicaciones con proveedores y clientes, y cualquier documento emitido por autoridades que permita acreditar la ocurrencia y magnitud del daño”, enfatiza.
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“Asimismo, debe documentarse adecuadamente el destino de los bienes destruidos, la necesidad de las reparaciones efectuadas, la naturaleza de las mejoras incorporadas y la forma en que se determinaron eventuales descuentos comerciales, provisiones por incobrabilidad o condonaciones de deuda”, asevera.
El especialista opina que, en el caso de empresas que utilicen instrumentos financieros derivados para cubrir riesgos de precios, resulta “indispensable conservar toda la documentación que demuestre que esos contratos fueron celebrados con una verdadera finalidad de cobertura y no con fines especulativos, pues ello puede resultar determinante para su tratamiento fiscal”.
“Como siempre, no es suficiente tener solo contratos, comprobantes de pago y guías de remisión. Cada vez el estándar probatorio de la Sunat ha ido aumentando, y ya nada se supera sin contar con notarizaciones, correos electrónicos, reportes firmados, actas de recepción o conformidad, detalle de personal y horas involucradas, fotografías, entre otros elementos. Asimismo, no está de más realizar capacitaciones internas sobre todos estos procedimientos”, puntualiza.
Ubicación
Frente a la alerta por el fenómeno El Niño, Denisse Ordóñez resalta la importancia de que las compañías efectúen evaluaciones preventivas en relación con interrogantes como: ¿dónde está ubicada la compañía? ¿Cuál es su campo de acción? ¿Dónde opera? ¿Cuáles son los efectos que podría tener en la zona? “Sobre esa base se podrá evaluar los impactos por eventuales pérdidas extraordinarias, menores niveles de producción y desmedros del propio producto que puedan existir en stock”, refiere.
La especialista señala que una eventual afectación a la infraestructura, al activo fijo de la propia compañía, implicará que la empresa cuente con un plan de acción respecto de cómo está resguardando cada uno de sus principales activos.
De esta manera, remarca, “si se requiere incurrir en determinados desembolsos con la finalidad de salvaguardar estos activos, todos esos egresos adicionales en función del contexto deberán también estar justificados con la finalidad de que sean deducibles más adelante”.
“Las pérdidas requieren cumplir con el principio de causalidad, es decir, que se generen en el devenir de la actividad, pero tienen que estar plenamente sustentadas, detalladas y evidenciar todo este contexto climático de hoy”, asevera.
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