Opinión
Periodista y Magíster en Gestión Pública
Según la Sunedu, el Perú cuenta con 105 universidades, sin considerar las creadas últimamente por el Congreso de la República. La competencia, entonces, es grande. Algunas, parece, se aferran a su tradición centenaria. Otras esperan los rankings de SCImago, QS World University Rankings o de la propia Sunedu para sentirse referentes.
Para fortalecer su posición, algunas han optado por sumar a la mayor cantidad posible de docentes Renacyt, producir más artículos científicos en revistas indexadas, registrar un número singular de patentes o aliarse con universidades del extranjero para ofrecer doble titulación.
Sin embargo, todo ello también ha creado una especie de burbuja reputacional que, en cualquier momento, puede reventar. Los informes bibliométricos de SCImago y los reportes sobre transferencia tecnológica del Concytec nos advierten que estamos produciendo artículos por producir o patentando por patentar, sin detenernos a mirar si esos trabajos tienen realmente impacto en la sociedad.
Los investigadores Santiago Fernández-Gubieda y Elena Gutiérrez-García, de la Universidad de Navarra, revisaron diversos estudios y concluyeron que la reputación universitaria se ha vuelto relevante por cuatro razones: la competencia global; la consolidación de la tercera misión universitaria, vinculada con la transferencia de conocimiento y el impacto social; la mayor influencia de los grupos de interés; y el peso adquirido por los rankings.
Es decir, las universidades ya no son evaluadas solo por lo que enseñan o investigan, sino por su capacidad de relacionarse con la sociedad, responder a sus expectativas y demostrar resultados.
Para los autores, la reputación —ese activo intangible estudiado por Justo Villafañe— no puede reducirse a aparecer en un ranking, inaugurar infraestructura o difundir campañas institucionales. Debe entenderse como un concepto multidimensional, asociado a las creencias, percepciones y actitudes que los públicos tienen sobre la capacidad de una universidad para crear valor a lo largo del tiempo y en un entorno determinado.
Cabe preguntarse, entonces, qué valor está ofreciendo la universidad peruana actual, además de producir profesionales. ¿Qué solución social, tecnológica, científica o de innovación ha aportado realmente? De esa respuesta dependerá qué centro de estudios será valorado no solo por quienes quieren ingresar a sus aulas, sino por una sociedad que necesita universidades menos preocupadas por parecer mejores y más comprometidas con ser útiles al país.