Opinión
Periodista
Entre esas experiencias también nos marca la primera vez que probamos una bebida alcohólica. Casi nadie la olvida, aunque pocas veces se hable de ella. Suele suceder en la infancia o la adolescencia, a escondidas o con el permiso complaciente de un adulto. Damos ese primer trago como un acto transgresor, un intento de cruzar la frontera que nos separa del mundo adulto.
Mi primera vez la recuerdo con nitidez. Tendría ocho o nueve años. Sobre la mesa del comedor permanecía una botella de cerveza destapada, de un color marrón que mi imaginario infantil transformaba en caramelo quemado o miel de abeja. Había observado con atención cómo los adultos disfrutaban de esos vasos que llenaban una y otra vez, y tras beberlos se animaban, bailaban, reían. Yo quería descubrir ese sabor que tanto los alegraba, pero mi primer sorbo resultó tan amargo que juré jamás volver a probarla. Fracasé, por supuesto –y ustedes, estoy seguro, me entienden, porque también fracasaron–.
A propósito del Día Internacional de la Cerveza, que se celebra el primer viernes de agosto, indagué por qué cambiamos de parecer e incumplimos nuestra promesa. Según las investigadoras Julie A. Mennella y Nuala K. Bobowski, en un artículo en la revista científica Physiology & Behavior, los niños nacen con preferencia por lo dulce y rechazan lo amargo, una reacción biológica de autoprotección para evitar el consumo de sustancias tóxicas. Con los años, el paladar madura y aprendemos a disfrutar el amargor, como el aportado por el lúpulo a la cerveza.
El Día Internacional de la Cerveza nació en 2007 en un bar de Santa Cruz (California) para celebrar a la bebida alcohólica más consumida del planeta –su producción global supera los 180,000 millones de litros al año– y la tercera bebida más popular del mundo, solo detrás del agua y el té.
En el Perú, tiene un importante impacto económico derivado de los 45 litros que en promedio bebe cada persona al año, muy por debajo de Panamá (81 litros) y Brasil (69 litros), líderes en Latinoamérica. Aporta cerca del 1% del PBI, genera alrededor de 4,000 millones de soles en impuestos, sostiene más de 25,000 empleos directos e indirectos y representa una porción significativa de los ingresos de más de 350,000 bodegas. Sin embargo, como todo buen placer, su homenaje exige equilibrio, pues la medicina recuerda que su consumo debe ser siempre moderado.
A los ocho años fruncí el ceño y escupí mi primer sorbo por amargo. Hoy, décadas después, brindo por la cerveza, por su dulzura económica y por las promesas que da gusto romper con inteligencia, sensatez y tranquilidad.