• MARTES 4
  • de agosto de 2026

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Corina, la madre que aprendió a reparar motores para impulsar el futuro de sus hijos

Con el apoyo invalorable del Programa Juntos desde 2012, esos incentivos económicos le permitieron garantizar la alimentación, educación y el bienestar de sus hijos, mientras ella se capacitaba.

El agua hierve en la cocina mientras una lonchera espera ser cerrada. Un niño busca sus cuadernos antes de ir al colegio. El menor de apenas diez meses reclama los brazos de su madre. Entre una mochila, un biberón y el uniforme escolar, Corina encuentra unos segundos para acomodarse el cabello antes de abrir la puerta de su taller.

Del otro lado la esperan motores averiados, baterías descargadas y clientes que necesitan volver a poner en marcha sus vehículos. Hace algunos años nadie habría imaginado verla allí. Mucho menos ella.


Durante mucho tiempo creyó que tendría que conformarse con los trabajos temporales que encontraba para sostener a sus tres hijos. Cada permiso para asistir a una reunión escolar significaba un descuento en su sueldo. Cada emergencia familiar implicaba elegir entre el trabajo o sus hijos. Hoy esa realidad quedó atrás.

A sus 37 años, Corina dirige un taller de electricidad automotriz en un rubro donde la mayoría de técnicos son hombres. Entre cables, herramientas y motores descubrió algo más importante que un oficio: encontró la posibilidad de construir el futuro de su familia sin renunciar a verla crecer.

Un sueño que comenzó en el colegio

Su fascinación por la electricidad nació cuando era estudiante de secundaria. Mientras otras compañeras imaginaban profesiones más tradicionales, ella sentía curiosidad por entender cómo funcionaban los motores y los sistemas eléctricos.

La vida, sin embargo, tomó otro rumbo. Llegaron los hijos, las responsabilidades y luego una separación que la obligó a empezar prácticamente desde cero. Pero nunca dejó de pensar en ese sueño.


En 2021 decidió apostar por él. Se matriculó en la carrera técnica de Mecatrónica en Senati, convencida de que el conocimiento sería la única manera de ofrecer un trabajo de calidad.

"No fue sencillo estudiar mientras mis hijos iban al colegio, pero sabía que, si no me preparaba, el servicio que ofrecería sería mediocre", recuerda.

Su hogar forma parte del programa Juntos desde el 2012. Durante esos años, el incentivo económico del programa fue un respaldo para garantizar la alimentación, la educación y el bienestar de sus hijos. En los momentos más difíciles, incluso logró destinar parte de ese apoyo para cubrir algunas pensiones del instituto.

"Cuando podía ahorrar, ese dinero me ayudaba a seguir estudiando y no abandonar mi carrera", cuenta.

Pero el acompañamiento del programa fue más allá del apoyo económico. A través de los gestores locales, Corina fortaleció la importancia de los controles de crecimiento y desarrollo, las vacunas y, sobre todo, entendió que la educación puede cambiar el destino de una familia.

"Ahora existen becas para que nuestros hijos puedan llegar mucho más lejos que nosotros", afirma con orgullo.

Demostrar con trabajo

Abrir el taller fue apenas el inicio. Lo realmente difícil fue convencer a los clientes. "Muchos dudaban de mí solamente por ser mujer."

Las primeras oportunidades llegaron con desconfianza. Después llegaron las recomendaciones.

Hoy entre cuatro y cinco vehículos ingresan diariamente a su taller para reparar fallas eléctricas. Además, realiza servicios a domicilio y ya proyecta ampliar el negocio con la venta de lubricantes, aceites y repuestos automotrices.

Recientemente convirtió su propia vivienda en taller y hogar al mismo tiempo. Esa decisión cambió por completo la dinámica familiar.

Ahora puede recibir clientes sin dejar de acompañar el crecimiento de sus hijos.

Brand, el mayor, de 15 años, ya la ayuda en el negocio durante sus tiempos libres y sueña con estudiar una carrera vinculada a la mecánica automotriz. Brian, de cinco años, acaba de iniciar el jardín. Mientras tanto, Brench, el menor de la familia, permanece al cuidado de su tía durante las horas de mayor trabajo.

Emprender también se aprende

Como parte de su crecimiento empresarial, Corina participó en los talleres de metodología Canvas impulsados por el programa Juntos para fortalecer las capacidades emprendedoras de 150 usuarias del distrito de Pangoa.

Las sesiones le permitieron ordenar mejor su negocio, identificar nuevas oportunidades y planificar su crecimiento. 

Ahora ya no piensa únicamente en reparar vehículos. Sueña con abrir una tienda de repuestos, ampliar su taller y generar empleo para otras personas. Porque detrás de cada motor que vuelve a funcionar hay una historia mucho más grande.

Es la historia de una madre que decidió no aceptar los límites que otros intentaron imponerle.

"La libertad de manejar mi propio negocio me permite estar presente cuando mis hijos me necesitan. Hoy tengo tiempo para acompañarlos y eso vale más que cualquier otra cosa", dice.

Mientras habla, un vehículo acaba de llegar al taller. Corina toma sus herramientas, levanta el capó y vuelve a hacer lo que mejor sabe.

Entre chispas, cables y motores demuestra, una vez más, que las mujeres también pueden abrirse camino en los espacios donde durante mucho tiempo se creyó que no tenían lugar.

Y que, cuando una madre enciende un motor, muchas veces también está poniendo en marcha los sueños de toda una familia.

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