Agustina Bazterrica: “yo elijo comprometerme desde mi literatura”
“Todo el ser humano es un animal político”, afirma la narradora argentina.
José Vadillo Vila
Periodista
Tras Cadáver…, Bazterrica publicó Las indignas (2023), y ya terminó una nueva novela que publicará en 2027. Esta, adelanta, será muy diferente a las dos obras mencionadas. “Si bien las obsesiones son un poco las mismas, la búsqueda de Cadáver exquisito terminó para mí. Estoy muy agradecida con ese libro, pero voy explorando otras cuestiones”, explica. Pone el punto y aparte.
-¿La búsqueda de otras historias se vuelve un camino más difícil luego del avasallador éxito de Cadáver exquisito?
-Independientemente de cada vez que escribís, siempre es difícil y yo doy todo en cada novela. Lo di en mi primera novela, Matar a la niña, que no se reedito, porque me parece mala hoy, pero que, en ese momento, me parecía buena. Di todo en los cuentos, doy todo en cada novela. Y eso, esa búsqueda puede funcionar o no. Así que siempre es difícil. Escriba un ensayo, una novela o un cuento.
-Las indignas tiene relación con sus lecturas de Julio Cortázar.
-Hay una referencia concreta a Cortázar, porque los personajes que hablan de sus cuentos por más que no lo nombran. Pero yo tengo mucho agradecimiento con Perú, porque la idea [de la novela] se me ocurrió acá, cuando me invitaron a la feria del libro de Cusco, en 2018, y fui a al monasterio de Santa Catalina, que hoy es un museo y ahí se me ocurrió la idea.
-Hablemos de su trabajo en las primeras líneas. Las de “Roberto”, cuento de Diecinueve garras y un pájaro oscuro, atrapan al lector.
-Idealmente, en un cuento la primera y la última línea son importantísimas, pero para mí todo es importante. Cada detalle importa en los cuentos, inclusive el sonido de las palabras y, a veces, esa primera línea sale no sé dónde. No creo en la inspiración, pero sale en ese cuento (“Roberto”), que escribí a los 19 años. Me salió en una tarde y después lo trabajé un montón. Surgió a partir de un ejercicio de taller literario. Y, a veces, cuando tenés la primera línea del cuento o novela, es más fácil escribir el resto. A veces encontrar esa primera línea es lo más difícil para mí.
-¿Salvaguardar el “sonido de las palabras” implica diálogo y tensión con los editores?
-Mi editora Magalí Etchebarne, de Alfaguara, es muy respetuosa en ese sentido. Hay un respeto muy enorme por ese proceso y ella tiene en cuenta el tema de la musicalidad también. Pero es algo que yo discutiría y pelearía si me llegan a tocar un párrafo y me cambian una palabra y se genera como un caos de sonido.
-Se le considera parte del nuevo gótico escrito desde América Latina por autoras. ¿Se siente parte de ese grupo o es más trabajo del marketing literario?
-No considero la literatura por etiquetas o géneros. Leo de todo. Y tampoco me parece que mi literatura sea específicamente de horror o, no sé, ciencia ficción como en Argentina la ubican, por ejemplo. No me ubico en un género. Después, si los lectores me consideran parte de esa movida, me parece hermoso, porque yo admiro a esas escritoras [Mariana Enriquez, Samanta Schweblin y otras], así que es hermoso ser parte.
-Es un gran fenómeno editorial lo que están construyendo las autoras, en el Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia…
-El mar siempre estuvo de mujeres escribiendo, contando historias. Lo que pasa es que durante muchos siglos fue reprimido, y ahora ese mar de voces es una gran ola que está llegando a un montón de lugares. Se están traduciendo, están ganando premios. Creo que va a continuar porque, a diferencia de otras épocas, ahora hay más lectores y lectoras dispuestos a hablar mujeres. Pero siempre hubo mujeres talentosas escribiendo. Lo que pasa es que escribían con seudónimos o no las criticaban o los varones robaban sus trabajos.
-Desde la dedicatoria y los epígrafes, Diecinueve garras… le dice al lector que hay una postura feminista de quien escribe.
-Soy totalmente feminista. Yo se dediqué el libro a mi abuela materna, que fue una de las primeras mujeres en Buenos Aires que estudió Economía. Ella es una referencia absoluta. Mi madre es socióloga y una de las lectoras más lúcidas que conozco. Y mi hermana es administradora de empresas y una de las lectoras más importantes. Todos mis libros que no están editados se los doy primero a ella para que me dé su opinión. Y cité a poetas argentinas contemporáneas que admiro como son Elena Annibali y Claudia Masin. Consumo mucho y admiro a un montón de varones que son mis maestros, de hecho, Juan José Saer es mi escritor argentino favorito y lo estudio, pero me parece importantísimo leer mujeres.
-Escribir, en ese sentido, se vuelve un acto político.
-Absolutamente, todo es político. Aunque decías no hacer nada y quedarte en tu casa mirando series todo el día, eso es político porque decidís no actuar. Es una postura tibia, la puedes llamar como quieras, pero también es político. Todo el ser humano es un animal político.
-Se criticó a Cadáver exquisito porque su violencia parecía irreal, pero Ud. ha señalado hechos como los millonarios yendo a cazar a otros hombres en pleno sitio de Sarajevo, que lo cotidiano es más cruel que lo literario.
-Este año fui a Italia y una periodista me dijo, ‘tu libro es fantástico’. Yo le respondí, ‘Cadáver… es todo, pero no es fantástico’. La novela podría puede suceder mañana si se dan todas las condiciones. El canibalismo existió, existe y existirá. Y el ser humano, si está manipulado, puede llegar a crear y a justificar cualquier cosa, como por ejemplo, estos millonarios que iban a matar civiles por deporte o diversión sin ningún tipo de culpa o moral. Gente sin alma, básicamente. Lo que está latente, por ejemplo, en Las indignas son las torturas, la inquisición, donde torturaban mujeres acusándolas de brujas para sacarles las propiedades, reprimirlas. Las torturas de Las indignas me quedaron cortas frente a lo que hicieron la dictadura militar en Argentina y en distintos países de Latinoamérica. Entonces, todo sucede. Bueno, ¿dónde querés mirar? Hay quienes deciden no comprometerse, mirar para otro lado, dedicarse a la pavada. Yo elijo comprometerme desde mi literatura y venir acá a hablar.
-Finalmente, ¿qué es para Agustina Bazterrica la escritura?
-Es mi motor. El año pasado publiqué en Argentina un ensayo que se llama Literatura o muerte. Y lo que digo ahí en la primera línea es si yo no escribo me muero. O sea, si yo no estoy en contacto con la literatura todo el día, o sea, leyendo o escribiendo, me empiezo a apagar. Para mí, la literatura es mi motor vital.
(FIN) JVV/JVV
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