Opinión
Directora de Conservación de WWF Perú
El 17 de julio, la Comisión Multisectorial Enfen mantuvo la alerta de El Niño Costero, aunque no descarta que alcance una magnitud extraordinaria hacia finales de este año. El Niño del Pacífico central podría llegar a ser muy fuerte en noviembre y diciembre. NOAA calcula un 81% de probabilidad de que alcance esa categoría entre octubre y diciembre.
En la costa, el calentamiento ya está transformando el mar. Enfen advierte que la anchoveta puede mantenerse más cerca del litoral y a mayor profundidad de lo habitual, mientras ingresan especies propias de aguas ecuatoriales y oceánicas. No es solo un cambio en el mapa de los peces. Es una alteración de la cadena alimentaria marina y una amenaza para la pesca, los ingresos de miles de familias y la seguridad alimentaria. También obliga a reforzar el monitoreo y a adaptar las decisiones pesqueras.
En tierra, Enfen prevé para el verano 2026-2027 lluvias superiores a lo normal en la costa norte y central. El riesgo no proviene únicamente de cuánta agua caiga. Se multiplica cuando encuentra riberas ocupadas, humedales degradados, drenajes obstruidos y viviendas vulnerables.
La Amazonía enfrenta el otro rostro del riesgo. El Niño suele favorecer una reducción de las lluvias en partes de la cuenca. Combinado con temperaturas elevadas puede agravarse las sequías, descender los ríos y aumentar las condiciones propicias para incendios forestales. Los efectos se encadenan: menor navegabilidad, comunidades ribereñas aisladas, dificultades para acceder a agua, alimentos, salud y educación, pérdidas en agricultura y pesca, y mayor presión sobre ecosistemas ya debilitados por la deforestación.
Por eso, la respuesta no puede limitarse a comprar maquinaria cuando las lluvias ya comenzaron, ni a movilizar brigadas cuando el bosque ya arde. Prepararse significa recuperar cauces y humedales, fortalecer la prevención de incendios, anticipar restricciones de navegación y mejorar la información para la gestión pesquera. Significa, además, escuchar a pescadores, comunidades indígenas y poblaciones ribereñas, no solo como damnificados potenciales, sino también como conocedores del territorio y socios de la respuesta.
El Niño no puede evitarse. Sus impactos más graves sí pueden reducirse. El Perú ya conoce el costo de reconstruir después de cada emergencia. La pregunta es si esta vez invertirá con la misma urgencia antes de que ocurra. El océano ya avisó. Ahora nos toca demostrar que el Estado y la sociedad aprendieron a escuchar.