Opinión
Periodista
Aunque es el mayor número de mujeres en la historia del Parlamento peruano, su representación proporcional no aumentó. En 2016, fueron elegidas 36 congresistas (27.7%) de un total de 130 escaños; en 2021, la cifra ascendió a 49 (37.7%). ¿Qué está ocurriendo para que, en una década, la representación femenina siga siendo tan limitada? ¿El machismo y la discriminación continúan cortándoles las alas a las nuevas generaciones de mujeres?
Las barreras institucionales explican parte de esta realidad. Horarios extensos y dinámicas de trabajo que se prolongan hasta altas horas de la noche suelen ser incompatibles con las responsabilidades de cuidado que aún asumen las mujeres. A ello se suman las barreras políticas: con frecuencia, las que participan en la vida pública son blanco de burlas por su aspecto físico, ataques relacionados con su vida familiar o campañas de acoso y desprestigio.
Sin embargo, considero que también existen barreras psicológicas que merecen ser analizadas. Me refiero a los mandatos, esos mensajes que padres, madres y cuidadores transmiten, consciente o inconscientemente, a niñas y niños durante la infancia. No profundizaré aquí en los aportes de Eric Berne, fundador del análisis transaccional, ni en el desarrollo posterior de esta teoría por parte de Robert y Mary Goulding. Señalaré que los mandatos son mensajes que pueden convertirse en una especie de voz interior que les dice a las personas lo que pueden y no pueden hacer.
Uno de esos mandatos es “no me superes”. Si una niña escucha con frecuencia frases como “hay personas mejores que tú” o “no te creas más que los demás”, puede aprender a temer al éxito y asociarlo con el rechazo o el conflicto. Otro mandato frecuente es “no lo logres”. Si se le transmite que “no sea tan ambiciosa” o que “es mejor ir a lo seguro”, podría crecer creyendo que alcanzar metas importantes implica riesgos que es mejor evitar. Así, puede limitar el desarrollo de su liderazgo o incluso autosabotearse ante el éxito.
Los mandatos se fortalecen en instituciones y dinámicas políticas que reproducen desigualdades. ¿Qué podría debilitarlos y contribuir a que más mujeres desarrollen su potencial como líderes? Quizá organizaciones verdaderamente inclusivas, con una cultura que valore el liderazgo femenino.