• LUNES 10
  • de agosto de 2026

Cultural

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Francisca Solar: “no es obligatorio ser un influencer para que te vaya bien en la literatura”

Autora chilena opina que muchos autores noveles fracasan porque no estructuran sus novelas antes de escribirlas.

Editor
José Vadillo Vila

Periodista


“No soy una creadora de contenidos. Además, soy muy millennial. Lo de las redes sociales se lo dejo a la generación Z. Considero que hay otras vías para la literatura, lo cual no quiere decir que las redes sociales no sean una buena herramienta para mostrar lo que estás haciendo, sobre todo para los escritores que recién empiezan”, opinó.

Sin embargo, subrayó que no es “mandatorio” ser un creador de contenidos “para que el mundo te conozca”. “Estamos restringiendo el tiempo de las pantallas porque ya vivimos ese punto álgido. Ya sabemos todo lo malo aparejado al abuso de las pantallas”, recordó.

Fotografía post mortem 
La escritora llegó a nuestra capital la semana pasada para participar de la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL Lima 2026), donde presentó su nueva novela más reciente, Los últimos días de Clayton Company & Co. (Madrid, Stefano Books, 2025), inspirada en el arte de la fotografía post mortem, una técnica muy popular en su país y América Latina a fines del siglo XIX, que, a ojos del XXI, causa estupor.  

Para Solar hoy se cuenta con suficiente evidencia histórica al respecto; sin embargo, hablar de esta técnica fotográfica también “parece ficción”. “A la gente le cuesta creer que alguna vez estuvo de moda sacarles fotografías a las personas fallecidas, y hacerlas pasar por vivas. El tema es tremendamente atractivo”.

Los últimos días… tiene como base una sólida investigación sobre la fotografía post mortem. “La concepción de la muerte en el siglo XIX era muy distinta a la actual; de ahí que, desde el siglo XXI, su práctica nos pueda parecer macabra o impensable. Pero en el XIX estaba normalizada. Incluso era deseable, como parte de este rito de transición de una persona viva a la muerte”, explicó.

“Honrando los aspectos verídicos históricos”, la autora construyó el estudio ficticio de Clayton & Co. Lo situó en Atlas, un pueblo -casi una república, diría- de colonos de diversas nacionalidades, vecino al puerto chileno de Valparaíso, hace más de 130 años. 

Y tenía que ser Atlas porque la fotografía llegó a Chile, al Perú, y a toda América del Sur, gracias a los inmigrantes europeos, a franceses, a ingleses. Solo en ese contexto, la fotografía post mortem tendría “la validez social”, podría “normalizarse como práctica artística”.

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Personajes femeninos y práctica de élite 
Los personajes femeninos de Los últimos días de Clayton Company & Co., como la protagonista, Abigail, sor Paula o la marquesa, son vitales, creativos, de liderazgo; sin embargo, la sociedad las relega. 

“Hay un papel importantísimo, de poner en valor a las mujeres. Se trata de un momento cuando las mujeres no son ciudadanas, no tienen derecho a votar, a la educación superior, viven muchísimos obstáculos para ser consideradas ‘personas’ dentro de la sociedad. Y lo que yo quería era crear personajes que pudiesen reflejar esas instancias de poder”, dijo. 

La novela de Francisca Solar también permite conocer la importancia que le dio la alta sociedad chilena de la segunda mitad del siglo XIX al espiritismo. 

“Era una práctica social muy atractiva y de élite. Los aristócratas, los diplomáticos, las grandes familias con gran poder adquisitivo, pagaban grandes sumas de dinero a las médiums. Como entretenimiento, se invocaba a los muertos en las tertulias. Eso fue durante toda la segunda mitad del siglo XIX”, comentó.

Escribir con un propósito 
El éxito de sus libros ha convertido a Francisca Solar en una escritora bestseller. Pero, ¿la literatura se agota como artefacto de entretenimiento? 

Su obra logró un impacto social. El buzón de las impuras, de 2024, ha permitido el impulso de un proyecto de ley en Chile el cual busca reivindicar a las más de 2000 mujeres asesinadas en el incendio de la iglesia de la Compañía de Jesús, sucedido en Santiago, en diciembre de 1863, en la cual se basa esta novela. 

“El arte no tiene la responsabilidad de cambiar el mundo, pero si puede, debe hacerlo. Y esa es un poco la responsabilidad que sentí. El buzón de las impuras me permitió impulsar un proyecto de ley que ya está en su segundo trámite y, por lo tanto, es muy factible que se convierta en ley en mi país. Entonces, eso es extraordinario, que una novela impulse una ley. Eso pasa cuando uno escribe con propósito, que es algo que le enseño a mis alumnos”, dijo.

La pregunta antes de la escritura 
Por ello, para Francisca Solar el paso previo a la escritura es cuestionarse para qué se escribe. “No es lo mismo tener razones que propósitos. Yo quise escribir El buzón… porque era un tema desconocido, casi un mito histórico terrible, que los mismos chilenos no conocían lo suficiente. Y es, a la vez, un tema tremendamente atractivo, muy novelable. Yo escribí con el propósito de devolverle la dignidad a las víctimas, a quienes se le había culpado por su propia muerte a lo largo de 160 años”. Francisca Solar contó esta tragedia del XIX chileno y lo hizo desde una perspectiva de género, “para poder devolverle la dignidad a las víctimas”, subrayó.

-¿Con El buzón de las impuras cambió su percepción de la literatura?
-No cambió, la amplió. Siempre he tenido claro que el arte tiene mucho poder e influencia en la sociedad. Sin embargo, no lo había vivido en carne propia. Con el éxito comercial de El buzón… encontré el patrocinio en el congreso de mi país para poder impulsar el proyecto de ley. Ahí es cuando uno ve lo tangible que el arte puede cambiar el mundo. Y eso, como autora, me da una responsabilidad mayor, porque si pude hacerlo por las víctimas del incendio de la Compañía, quizá pueda hacerlo con otros temas que también requieren visibilidad y que los historiadores no le han dado el peso necesario. A lo mejor, ahí tenemos que entrar los novelistas para llevar estos temas a la masa.

-El buzón… será adaptada como teleserie. ¿Hoy se vuelve indispensable el paso por el audiovisual? 
-Para mí, son formatos totalmente complementarios. Hay un público específico que a lo mejor no es lector de ficción histórica, que es un género que implica del lector cierta capacidad de retención de información. Entonces, como para mí lo más importante es que todo el mundo sepa sobre lo que fue el incendio de la Compañía, la verdad es que todos los caminos me sirven. Entonces, esta oportunidad de poder llevar las historias a la pantalla como miniserie para llegar a un público muchísimo más amplio que el que me da la literatura, lo encuentro maravilloso. 

-Parece que Ud. tiene una ventaja frente a otras autoras del thriller, ya que ha estudiado Criminología y Psicología forense. 
-Estudio lo que me fascina. Todo lo que estudio por placer, de alguna manera veo cómo lo puedo utilizar en mis novelas. Por supuesto, el haber estudiado Criminología o Psicología forense me da ciertas herramientas que me permiten, a lo mejor, crear personajes más verosímiles, diálogos más exactos. Eso ayuda muchísimo, sin duda. Pero no quiere decir que todos los novelistas históricos tienen que ser grandes estudiosos. La ficción histórica es un género difícil de crear. Entonces, como autor tienes que ser alguien que te fascina leer, investigar, debes tener muy buena memoria, reconocimiento de patrones para poder juntar datos, momentos que aparentemente no funcionan entre sí. Pero una novela histórica no es un libro de historia, no es fuente bibliográfica; por lo tanto, el novelista requiere muchísimo de su investigación y no solo de la investigación histórica.

-Ud. promueve el modelo “animacéntrico”, ¿qué lo diferencia de los populares talleres literarios?
-A mis alumnos les enseño a pensar, no a escribir. No creo que se pueda enseñar a escribir. Les enseño a construir para que tengan listas sus novelas para ser escritas. Uno de los grandes problemas de muchos autores noveles es que no se detienen a estructurar sus novelas antes de escribirlas; van inmediatamente a la redacción con una idea vaga. Entonces, los bloqueos, la página en blanco, se vuelven muy recurrentes. Con el modelo animacéntrico propongo una metodología muy específica para construir trama a partir de la construcción de un personaje. Por eso animacéntrico: el alma está al centro. Tu protagonista es el elemento más importante, porque conociéndolo, sabrás cuál es la historia que tienes que contar. Se nos olvida que la literatura tiene un componente racional muy fuerte. Trabajamos con el lenguaje, el cual es una capacidad cognitiva. Debemos abrazar el lado más etéreo del arte, pero también la parte más racional, porque ambas construyen la literatura. Falta estructura, buenos arcos, que tu final tenga que ver con el inicio. Los desarrollos de los personajes deben ser coherentes. Y eso es pura técnica.

-¿La ficción histórica sigue siendo prioridad para sus siguientes proyectos narrativos? 
-Totalmente. Es un género en el que no sabía que me iba a ir tan bien. Ya tengo cuatro novelas publicadas en este género. Y como soy muy ratón de biblioteca, entonces tengo muchas novelas históricas por escribir. En el mismo universo de Clayton & Co., de Las impuras…, tengo muchas historias ambientadas en la era victoriana en Latinoamérica. Así que estoy feliz de poder seguir desarrollando ese lado. Pero, también tengo algunos proyectos infantiles, juveniles, libros para distintos grupos etarios. Y me gusta diversificar porque si no, me aburro. Pero dentro de todos los proyectos, la ficción histórica es la que requiere de más inversión de tiempo, de energía. Tengo mucho en carpeta, así que tienen hartos años más para seguir leyendo.

(FIN) JVV/JVV