• MIÉRCOLES 12
  • de agosto de 2026

Editorial

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Lecciones de una tragedia

“Hoy corresponde acompañar con solidaridad a Colombia y expresar nuestro pesar a quienes han perdido a familiares y amigos, pero también debemos aprender de una tragedia que nos recuerda nuestra propia vulnerabilidad”.

En estas circunstancias, la cooperación y la solidaridad entre las naciones adquieren particular importancia. Las labores de búsqueda y rescate, la atención de los heridos y damnificados y el posterior proceso de recuperación demandarán un enorme esfuerzo de las autoridades y de la sociedad colombiana. La comunidad internacional está llamada a brindar el apoyo que resulte necesario para contribuir a superar las consecuencias de esta emergencia.

Lo ocurrido en el hermano país constituye también un doloroso recordatorio para el Perú. Nuestra ubicación geográfica, en una de las regiones de mayor actividad sísmica del planeta, nos obliga a convivir permanentemente con la posibilidad de un terremoto de gran magnitud. No podemos determinar cuándo ocurrirá ni impedirlo, pero sí podemos prepararnos para reducir sus consecuencias y, fundamentalmente, proteger vidas.

La prevención, por ello, debe constituir una política permanente del Estado. El fortalecimiento de hospitales y colegios, el cumplimiento de las normas de construcción sismorresistente, la identificación de zonas vulnerables, la planificación urbana y el mejoramiento de la infraestructura crítica son acciones indispensables para disminuir los riesgos. A ello debe sumarse una capacidad de respuesta que permita movilizar con rapidez personal especializado, maquinaria, alimentos, medicinas y otros recursos hacia las zonas afectadas.

El país ha avanzado en diversos ámbitos relacionados con la gestión del riesgo de desastres, pero la naturaleza de nuestra geografía exige mantener y profundizar esos esfuerzos. La prevención no comienza cuando ocurre una emergencia, sino mucho antes, mediante planificación, inversión, fortalecimiento institucional y una adecuada coordinación entre los distintos niveles de gobierno.

Esta responsabilidad tampoco corresponde únicamente al Estado. La población cumple un papel fundamental mediante su participación responsable en simulacros, el conocimiento de las rutas de evacuación y zonas seguras, y la preparación familiar para responder durante las primeras horas posteriores a un desastre. Construir una verdadera cultura de prevención requiere convertir estas prácticas en parte de nuestros hábitos cotidianos.

Hoy corresponde acompañar con solidaridad a Colombia y expresar nuestro pesar a quienes han perdido a familiares y amigos, pero también debemos aprender de una tragedia que nos recuerda nuestra propia vulnerabilidad. Los terremotos son inevitables, y muchas de sus consecuencias pueden reducirse. Prepararnos, prevenir y construir ciudades más seguras constituye, por ello, una responsabilidad permanente destinada a proteger aquello que ninguna reconstrucción puede devolver: la vida.