• MIÉRCOLES 12
  • de agosto de 2026

Opinión

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Reflexiones

En homenaje a los locos y locas bajitas

Ricardo Montero Reyes
Periodista

Los que nacimos hasta la década de 1970 crecimos con la voz de fondo del catalán Joan Manuel Serrat, un poeta –más que un cantante– casi desconocido para los millennials y las generaciones siguientes. En su canción “Esos locos bajitos” supo hablar de la paternidad con ternura y lucidez, sin idealizar a los hijos ni convertirlos en ángeles de catecismo. Los retrató con sus manías, su desorden, su falta de respeto a los horarios y su capacidad de agotarnos, y aun así logró que los entendiéramos y los quisiéramos aún más.

Tengo tres hijas y una nieta, todas mayores de edad. Ellas tienen sus propias vidas, sus propios problemas, sus propias soluciones. Y sin embargo –aquí está el mensaje de la canción– sigo viéndolas como las “locas bajitas” que se disfrazaban para una fiesta escolar, que me tomaban de la mano para sentirse seguras, que me pedían cargarlas para ver sobre la multitud.

A propósito de ese sentimiento, me pregunté hasta qué edad una persona puede ser considerada niño o niña. Una de las respuestas la encontré en la legislación. El Código de los Niños y Adolescentes (Ley N.° 27337) precisa que se es niño hasta los 12 años. Después y hasta los 18 se pasa a la categoría de adolescente. Los padres, sin embargo, solemos saltarnos la ley con cariño, y nos aferramos a darles el tratamiento de niños de manera eterna, mucho después de que el calendario y la legislación hayan dictaminado lo contrario, y aun después de permitirles que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan y que un día nos digan adiós.

Tal vez por eso el tema de Serrat sigue vigente. “Esos locos bajitos” no es un canto abstracto a la infancia, sino a la mirada de quien es padre y sabe que el tiempo, por más que se estire, siempre resulta corto. Un día nos damos vuelta y los “locos bajitos” ya no caben en nuestros brazos ni en los zapatitos que dejaban regados en el pasillo.

La Ley N.° 27666 declara el segundo domingo de abril de cada año como el “Día del Niño Peruano”, y popular y comercialmente también se celebra el tercer domingo de agosto. Sea en una u otra fecha, mientras los padres celebren a sus niños, yo celebraré a mis cuatro niñas –mis tres hijas y mi nieta–, manteniéndolas en un rincón invisible de mi memoria como esas locas bajitas que un día llegaron a trastocarlo todo, para bien.