• MARTES 11
  • de agosto de 2026

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Entre hilos de colores y sueños la familia Castillo Quispe teje su futuro en Paucará

Fue en 2007 cuando Hilario, motivado por el amor a Benita, la madre de sus hijos, y con el respaldo del programa Juntos, decidió apostar por la textilería.

Esta es la historia de una familia de Paucará, un distrito quechua hablante de la provincia de Acobamba, en la región Huancavelica, que ha encontrado en la textilería algo más que un oficio, una manera de preservar su legado cultural y, al mismo tiempo, asegurar el porvenir de sus hijos. 



Lo hicimos juntos 

Benita e Hilario son los pilares de este hogar. Como los telares que sostienen cada hebra, ellos sostienen a su familia con esfuerzo y trabajo como herramientas para alcanzar sus sueños.

El inicio de esta historia se remonta a la juventud de Hilario, cuando aprendió el arte del telar tradicional de manos de su padre. Aquel conocimiento ancestral, que parecía destinado a diluirse con el paso del tiempo, se convirtió en el motor que impulsó su vida y la de su familia.

“Lo hicimos con Benita”, recuerda Hilario con emoción. Fue en el 2007 cuando, motivado por el amor hacia la madre de sus hijos y, con el respaldo del programa Juntos, decidió apostar por la textilería. 

El acompañamiento del programa social no solo representó un apoyo económico, sino también una enseñanza invaluable en educación financiera. Aprendieron a administrar mejor sus ingresos, ahorrar y planificar para dar forma al proyecto que tanto anhelaban. 

Así nació “Sumaq Ruraq”, nombre que en quechua significa “hermoso trabajo” o “lo que se hace bonito”. El emprendimiento familiar empezó con un solo telar y muchas ilusiones, y con el tiempo se transformó en un taller que da sustento, identidad y orgullo a toda la familia Castillo Quispe. 


Una familia que teje unida 

Un espacio de la casa fue destinado para el taller donde Hilario empezó a compartir sus conocimientos con Benita y sus hijos. La disciplina, curiosidad y constancia hicieron que toda la familia se involucre. 

Al principio, sus vecinos fueron los primeros clientes. Pronto, la calidad de sus tejidos marcó la diferencia y la clientela comenzó a crecer. Con los ingresos, lograron ampliar el número de telares y, con gran esfuerzo, adquirieron una máquina semiindustrial de segunda mano que abrió nuevas posibilidades de producción. 

Hoy, en “Sumaq Ruraq” se elaboran sombreros chopccas, mantas, camisas, chumpis, pullos, capa pullos, frazadas, llicllas, tapetes y alfombras. Cada pieza es una obra única que rescata la identidad andina y la proyecta hacia nuevos horizontes.

Las tardes en la casa taller son un reflejo del espíritu familiar. Sin descuidar las responsabilidades del colegio, Efraín (15), Jhonatan (12) y Nehemías (9) ordenan los ovillos y preparan los pedidos; Benita, borda con paciencia los diseños; Hilario, urde hilos en el telar semiindustrial para dar vida a una nueva alfombra; mientras los más pequeños, Andy (5) e Hilian, de apenas 9 meses, juegan entre conos de lana que decoran el ambiente con un aire festivo. 

Benita sonríe orgullosa. “Mi Hilian no ha tenido anemia. En todos los controles ha salido muy bien porque le doy una buena alimentación”, afirma recordando el acompañamiento que su hogar recibe del programa Juntos, que los anima a cumplir con los controles de salud y llevar todos los días a sus hijos al colegio. 


Tejiendo el futuro 

De los siete hijos de la familia, cinco viven aún en casa. Las dos mayores, Estefany y Nataly, ya están comprometidas, y también se han sumado al oficio, fortaleciendo el emprendimiento que, con paciencia y constancia, se ha hecho sostenible. 

El anhelo de Hilario y Benita ahora es mayor: sueñan con que sus tejidos crucen fronteras. “Queremos exportar. Sabemos que nuestros productos son de calidad, y lo hacemos con dedicación y buena voluntad”, aseguran. 

Para la familia, la motivación más grande son sus hijos. Están convencidos de que la educación es el telar más fuerte, capaz de sostener no solo el arte ancestral que heredaron, sino también un futuro prometedor donde cada hebra de lana será también una hebra de esperanza.

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