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Editor de Culturales
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Gamarra considera que la obra forma parte de una tradición fundamental del repertorio cómico francés, que continúa presentándose con especial fuerza en los países francófonos. En ella reconoce una escuela para quienes abordan el teatro clásico y una fuente para la posterior comedia de enredos.
Un ejercicio teatral
Para el director, trabajar con esta pieza supone un ejercicio de precisión. El movimiento de los actores, el uso del espacio y la necesidad de permanecer conectados con el texto y con los demás intérpretes convierten cada función en un desafío.
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“Es un ejercicio de gimnasia para el director y para los actores”, explica. También considera que permite al público acercarse a los mecanismos de la comedia de enredos y comprender cómo se construye el humor en escena.
La vigencia de la obra no se limita a su estructura cómica. Gamarra encuentra en ella un tema poderoso tanto para el siglo XVIII como para el presente: la libertad y la manera en que el dinero y el poder pueden intentar imponer una situación sobre los demás.
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La pieza cuestionó los privilegios sociales y llegó a ser censurada antes de su estreno público.
Dato
1784 fue el año en que se estrenó Las Bodas de Fígaro.