Opinión
Exvicedecana del Colegio de Periodistas de Lima
Siempre se han criticado los cambios constantes de los titulares de las carteras ministeriales en los últimos años, pero poco se ha hablado de lo que también sufren los funcionarios y que perjudican la buena marcha de las políticas públicas. Esto no es ajeno a las direcciones de comunicación. A eso se debe sumar la falta de presupuesto de esas oficinas, evidente y conocida por todos en el sector público. Realmente, comunicar desde la gestión pública es una tarea muy retadora, y eso sin entrar en esta columna en la gestión de crisis casi permanentes que se viven en los distintos sectores o poderes del Estado.
Un tema importante es que las buenas noticias no son visibles en los medios de comunicación, que tienen una agenda propia marcada por la inmediatez, las denuncias o la judicialización de la política. Ahí radica el doble esfuerzo que deben hacer los nuevos directores o jefes de comunicación del sector público, porque no es raro escuchar de los altos funcionarios la conocida frase: “No estamos comunicando bien”.
La comunicación pública demanda mucha empatía y creatividad: dejar de lado los tecnicismos, ejemplificar e incluso hacer docencia para que los propios colegas periodistas comprendan que está bien denunciar y señalar si algo está mal, pero que es igual de importante dar a conocer a los ciudadanos los múltiples servicios gratuitos que tiene el Estado para mejorar la calidad de vida de más de 34 millones de compatriotas. Estas noticias no deben quedar solo en los medios del Instituto de Radio y Televisión del Perú (IRTP): su labor es grande, pero no suficiente.
Las elecciones ya terminaron y la comunicación ahora debe ser de largo aliento, de propuestas a mediano y largo plazo, fijando horizontes claros y uniformes en los que la brújula señale como principales beneficiarios a los ciudadanos, en especial a los más vulnerables. Anticiparnos es clave cuando ya tenemos información del fenómeno de El Niño Costero y de sus graves consecuencias, de un próximo sismo de gran magnitud –no predecible– porque nos encontramos en el Cinturón de Fuego del Pacífico, de la temporada de heladas o de la atención en salud mental, entre otros innumerables temas del quehacer local, regional y nacional.
Como señala Mario Riorda, especialista en comunicación gubernamental, la comunicación pública “es la de más largo plazo, pues es la que sostiene a un gobierno en sus valores y determina su rumbo […]; la comunicación no puede ser publicitaria, sino orientada a dar un servicio ciudadano”.
Finalmente, queda desearles el mayor de los éxitos a los futuros directores o jefes de comunicación del presente quinquenio. Necesitamos tener presente la triple e: experiencia, esfuerzo y empatía en la diaria y retadora tarea de la comunicación pública.