Convivir
La detección puede ser difícil porque los niños, especialmente los más pequeños, no siempre pueden expresar que tienen dificultades para ver.
Además, cuando la miopía aparece de manera progresiva pueden adaptarse a su nueva forma de ver sin percibirla como un problema.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca del 30% de los casos de bajo rendimiento o fracaso escolar estaría relacionado con problemas visuales no diagnosticados. “La miopía puede desarrollarse de manera progresiva y muchos niños no se dan cuenta de que están viendo mal. Por eso, los padres deben estar atentos a cualquier cambio en la forma en que el niño mira o realiza sus actividades cotidianas”, advierte el doctor Raúl Swayne, especialista de Oftálmica Clínica de la Visión.
Detectar a tiempo
Una visión deficiente sin corregir puede dificultar actividades escolares como leer, escribir o ver la pizarra y repercutir en la atención y el rendimiento del niño.
“Detectar una alteración visual de manera oportuna permite corregir el problema y, cuando se trata de miopía, evaluar alternativas que ayuden a controlar su progresión, de acuerdo con las características de cada niño”, explica el especialista.
Entre las alternativas disponibles se encuentran los lentes correctores, lentes especiales para el control de la miopía, determinados tratamientos con atropina en gotas y la ortoqueratología. La indicación debe ser realizada por un oftalmólogo luego de evaluar cada caso.
En el marco del Día del Niño, el especialista recuerda a los padres que cuidar la salud visual desde los primeros años también contribuye al aprendizaje, la seguridad y el desarrollo de los menores.
“No debemos esperar a que un niño diga que ve mal para llevarlo al oftalmólogo. Los controles preventivos permiten detectar problemas que pueden pasar inadvertidos y actuar a tiempo para cuidar su visión”, concluye el Dr. Swayne.
¿Cuándo revisarse?
Los controles visuales deben comenzar desde los primeros años de vida. Se recomienda una evaluación por pediatra u oftalmólogo al nacer, a los 6 meses y al año; posteriormente, controles oftalmológicos a los 3, 5 y 6 años. Desde los 6 años, se aconseja realizar un examen visual al menos una vez al año.
Si se detecta un problema visual, los controles pueden requerirse cada seis meses, de acuerdo con la indicación del especialista.
Durante la etapa escolar, algunas medidas sencillas pueden incorporarse a la rutina como tener más tiempo al aire libre, alrededor de dos horas diarias. Regular las pantallas y evitar su uso entre los 0 y 2 años; hasta una hora diaria entre los 3 y 5 años y hasta dos horas entre los 6 y 12 años.
También hacer pausas durante la visión cercana. Aplicar la regla 20-20-20: cada 20 minutos, mirar durante 20 segundos a una distancia aproximada de 6 metros. Es fundamental realizar controles oftalmológicos periódicos, aunque el niño no manifieste dificultades. Y utilizar los lentes indicados por el especialista cuando exista un error refractivo.