• LUNES 17
  • de agosto de 2026

Editorial

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Subsidio a los combustibles

El camino hacia la resiliencia económica no consiste en aislarse de los vaivenes financieros globales, sino en construir herramientas más precisas, transparentes y universales para amortiguar los golpes

Ante un contexto externo desafiante, la respuesta fiscal orientada a atenuar ese impacto demuestra que es posible actuar con rapidez sin descuidar el equilibrio macroeconómico.

La decisión de aplicar un subsidio temporal y focalizado entre el 15% y 20% para el transporte de carga y pasajeros representa un giro estratégico respecto a viejas fórmulas pasivas. La verdadera innovación radica en romper moldes históricos al incluir a los mototaxistas y al transporte fluvial de la Selva.

Durante décadas, la geografía amazónica operó al margen de este tipo de coberturas, encareciendo el comercio interdistrital y aislando comunidades enteras.

Reconocer las peculiaridades de la conectividad en el oriente peruano no solo es un acto de justicia distributiva; constituye una integración real de territorios olvidados al esquema de protección del Estado.

A diferencia de los subsidios universales del pasado –mecanismos ciegos que solían drenar recursos públicos hacia grandes usuarios sin necesidad de apoyo–, la propuesta del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) de apostar por esquemas directos y condicionados a la tecnología marca una diferencia sustancial.

El empadronamiento digital de transportistas informales y la habilitación de transferencias directas cumplen una doble función: mitigan una crisis de costos inmediata y aceleran la formalización de sectores vulnerables.

Del mismo modo, la intervención del Ministerio de Energía y Minas (Minem) para habilitar de forma extraordinaria la capacidad de almacenamiento de hidrocarburos en regiones como Ucayali ataca de raíz las distorsiones que alimentan la especulación de precios.

Cuando el Estado reacciona ampliando la logística regional, no solo reabastece grifos; desarticula la certidumbre del oportunismo comercial.

Por supuesto, toda medida de emergencia es temporal ante problemas estructurales.

Como bien observa el Banco Central de Reserva (BCR), las intervenciones fiscales deben convivir en armonía con las metas de inflación para evitar distorsiones permanentes en el presupuesto o en los precios del mercado. La asistencia focalizada no debe eternizarse, pero su implementación deja una valiosa lección metodológica.

El camino hacia la resiliencia económica no consiste en aislarse de los vaivenes financieros globales, sino en construir herramientas más precisas, transparentes y universales para amortiguar los golpes.

Si la actual urgencia logra convertir un empadronamiento digital y una mejor infraestructura logística en capacidades permanentes del sector público, el país habrá ganado algo más importante que una tregua temporal en las tarifas; habrá edificado una red de protección sólida para las crisis que vendrán.