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  • de agosto de 2026

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Pensión 65: La historia de Romelia y Carolio, ejemplo de tesón en la inmensidad del bosque

Romelia Chujandama Pizango (70) y Carolio José Saurín Cenepo (78) son dos adultos mayores que, desde hace más de cinco décadas, transmiten su cariño por la naturaleza y la identidad cultural de su comunidad. Ambos forman parte del Programa Nacional de Asistencia Solidaria Pensión 65, del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), una intervención que, además de brindarles la subvención económica, les ha permitido revalorar sus conocimientos e impulsar su economía familiar.

Sus manos conservan técnicas ancestrales heredadas de sus antepasados. Mientras se miran con profunda admiración y ternura, cuentan que, antes de conocerse, cada uno ya aprendía oficios tradicionales de la selva peruana. Tras unir sus vidas, decidieron convertirse en el equipo perfecto para sacar adelante a su familia.

Ella moldea fuentes, tinajas y vasijas a base de arcilla, cenizas de árboles y una tierra especial que le provee la naturaleza.

“Empecé a los 15 años. Mi mamá me enseñaba entre cuentos y risas, corrigiéndonos con mucha calma. Siempre me decía que el arte es lo que el corazón siente; por eso le dediqué mi vida a esto”, comenta Romelia, lanzando una dulce mirada a su esposo para que complete el relato.

“Por cosas del destino nos conocimos. Tengo clarísimo ese día: ella estaba guapísima, mientras yo me esforzaba por terminar mis cestos”, recuerda don Carolio entre risas. “Desde que nos unimos trabajamos mucho para vivir tranquilos. Aunque hemos enfrentado adversidades, nunca nos hemos separado”, añade.

Almas productivas

A través de la intervención Saberes Productivos de Pensión 65, los adultos mayores revaloran sus conocimientos tradicionales y participan en ferias de emprendedores organizadas por los gobiernos locales y provinciales.

Don Carolio dedica sus días al tallado de batanes en madera de yacushapana y al tejido de cestos y recipientes en fibra vegetal. “Me tomo dos horas para elaborar las canastas, bombonajes y paneras. Para el batán pequeño me toma un día y dos para los más grandes. Utilizo mi martillo artesanal, armado con un pico encorvado, para darle forma a la madera y dejarla lista para preparar un rico tacacho”, explica con entusiasmo, demostrando por qué son una de las parejas de artesanos más representativas de La Banda de Shilcayo.

Ferias

Esta pareja de adultos mayores no se detiene. Están presentes en diversas ferias y festivales donde pueden promocionar sus artesanías. “Dedicamos nuestros días a hacer nuestras piezas, y, cuando cobramos la subvención de Pensión 65, destinamos una partecita para comprar insumos”, concluye Romelia.

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