• MIÉRCOLES 19
  • de agosto de 2026

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Una historia de resiliencia: Mariluz, la mujer que le saca el jugo a las frutas y a la vida

Beneficiaria del programa Juntos recibió capacitación y hoy ve el futuro con mayor esperanza y seguridad al reconocerse como una emprendedora.

Hace 14 años, Mariluz es beneficiaria del programa Juntos. En aquel entonces, sus hijos eran pequeños y el esfuerzo diario parecía insuficiente para cubrir todas las necesidades de la familia. Hoy, con orgullo, puede decir que dos de ellos estudian una carrera técnica, una se prepara para ingresar a la universidad y la menor culmina el quinto de secundaria. “Ellos son mi motor”, afirma con una sonrisa que ilumina su rostro curtido por el sol y el trabajo.

Mariluz nunca se quedó de brazos cruzados. Pasó por distintos oficios; hizo labores domésticas, trabajos eventuales y también, la dura faena de seleccionadora de menestras en una empresa. Sin embargo, un accidente la obligó a detenerse por meses, inmovilizada y con la incertidumbre de no saber cómo empezar de nuevo. Fue entonces cuando la necesidad y el amor por sus hijos le abrieron el camino de vender jugo de naranja en su barrio. 


Lo que empezó como una venta ambulatoria, con mesas improvisadas, un balde de plástico y un exprimidor pequeño, pronto se convirtió en un proyecto de vida. Con empeño, Mariluz encontró un lugar estratégico en la esquina de su vivienda y en calles transitadas, donde choferes, vecinos y trabajadores buscaban un poco de frescura antes de iniciar su jornada.

Entre risas y nostalgia, recuerda cómo compró una carreta de jugos de segunda mano, con el apoyo de su hijo mayor. Por su baja estatura tuvo que mandarla a cortar, pues al inicio debía subirse en ladrillos para alcanzar su exprimidor. 

“Tuve que adaptar la carreta a mi tamaño”, cuenta sonriente, mientras recuerda que poco a poco fue implementando su carrito, agregando dulces y productos envasados a pedido de sus clientes. 

Un cambio de rumbo 

La historia de Mariluz tomó un giro decisivo, gracias a la articulación entre el programa Juntos y Jóvenes Productivos, del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo. 

Junto a otras madres, recibió capacitación y asistencia técnica para impulsar el autoempleo productivo. Aquella experiencia no solo le brindó herramientas para mejorar su negocio, sino también un cambio de visión; ella, dejó de verse como vendedora ambulante y empezó a reconocerse como emprendedora. 

El fruto de esa perseverancia llegó con el concurso de Ideas de Negocio, donde su propuesta fue premiada con un capital semilla. Con ese apoyo pudo adquirir una licuadora moderna, una extractora profesional de jugos y utensilios que transformaron su puesto de trabajo. Ahora su oferta es variada: jugos de papaya, plátano, surtidos y combinados especiales que conquistan cada mañana a su fiel clientela. 

Es la primera vez que participa en capacitaciones de este tipo, motivada por la gestora social del programa Juntos, y asegura que lo aprendido lo aplica día a día en su negocio. Ha mejorado la calidad de su atención y está convencida de que así fideliza a sus clientes. 

“Yo me dedico a mi emprendimiento; a veces mis hijos me ayudan cuando tienen tiempo, pero prefiero que estudien. Con ayuda de mi esposo saco mi carrito muy temprano, acomodo mis frutas que compro con anticipación y preparo los jugos que vendo a precios accesibles, entre 3 y 5 soles, según lo que pidan los clientes”, relata con alegría. 

Pero detrás de esas palabras hay una fuerza admirable; vive una mujer que, a sus 52 años, no se rindió ni se rinde ante las dificultades, que supo reinventarse y que entiende que la educación de sus hijos es el legado más valioso que construye con cada vaso de jugo que vende. 

El sueño que sigue creciendo 

Hoy, Mariluz ahorra con disciplina para alquilar un local y abrir su propia juguería. Sabe que no será fácil, pero también sabe que nada de lo que ha logrado hasta ahora lo fue. Su mirada brilla al pensar en un negocio propio, estable, donde pueda recibir a sus clientes bajo un techo que lleve su nombre.

Mariluz Cueto Flores es mucho más que una usuaria del programa Juntos. Es una madre incansable, una mujer trabajadora y una emprendedora que convirtió la adversidad en oportunidad. 

Su vida es el testimonio de que, cuando se une la perseverancia con el apoyo y la articulación de los programas sociales del gobierno, los sueños se vuelven posibles.

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