Opinión
Jefe institucional del IGP
Estos países forman parte del denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa región donde se concentra gran parte de la actividad sísmica y volcánica del planeta. En Venezuela, la actividad sísmica está asociada, principalmente, a la interacción entre las placas del Caribe y Sudamericana. En el borde occidental de América del Sur, en cambio, la placa de Nazca se desplaza hacia el este e ingresa por debajo de la placa Sudamericana.
En el Perú, este proceso ocurre a una velocidad promedio de 6 a 7 centímetros por año y constituye la principal fuente de sismicidad del país. Aproximadamente el 70% de los sismos que ocurren anualmente frente a nuestra costa tiene su origen en este proceso de subducción.
La mayoría de estos eventos son de magnitudes menores a M5.0 y ocurren con mayor frecuencia. Los grandes sismos, en cambio, requieren una mayor acumulación de esfuerzos y deformación de la corteza antes de liberar, en pocos segundos, enormes cantidades de energía.
Frente a esta realidad, una pregunta surge cada vez que ocurre un sismo: ¿dónde y cuándo será el próximo gran sismo? La ciencia puede identificar las zonas donde existen condiciones para que ocurran grandes sismos, estudiar las fallas y monitorear permanentemente la actividad sísmica. Sin embargo, actualmente es imposible determinar con precisión la fecha, la hora y el lugar de un futuro sismo.
Por ello, más que intentar predecir, debemos prepararnos para aquello que sabemos que ocurrirá. El Perú es un país sísmicamente activo, y el próximo gran sismo ocurrirá en algún momento. La pregunta realmente importante es qué estamos haciendo para reducir sus consecuencias.
Prepararnos significa construir de manera segura, conocer las zonas de mayor peligro, identificar lugares seguros, participar en simulacros, contar con un plan familiar y saber cómo actuar antes, durante y después de un sismo. También significa utilizar la información científica para tomar mejores decisiones sobre nuestras ciudades y nuestra infraestructura.
Desde el Instituto Geofísico del Perú (IGP) continuamos monitoreando la actividad sísmica y generando conocimiento para contribuir a la gestión del riesgo de desastres. La ciencia no puede evitar que la Tierra se mueva, pero sí puede ayudarnos a comprenderla y a reducir nuestra vulnerabilidad.
No podemos detener el movimiento de las placas tectónicas, pero sí podemos construir una sociedad mejor preparada. Desde el IGP, siempre ciencia para protegernos, ciencia para avanzar.