IA y decisiones legales: cuando el algoritmo falla, ¿quién asume la responsabilidad?
Tecnología al servicio del juicio profesional
María Julia Sáenz
Head de Tax & Legal en KPMG Perú
En efecto, la discusión sobre IA suele plantearse desde una pregunta equivocada. Nos preguntamos qué tareas podrá reemplazar la tecnología, cuando la cuestión verdaderamente relevante es otra: qué responsabilidades nunca podrá asumir.
La pregunta importa porque estamos viviendo una transformación profunda. La tecnología ha cambiado nuestra profesión. Y para bien. Pero no bastará incorporar una herramienta para resolver problemas complejos. La tecnología no sustituye el juicio profesional, no reemplaza al factor humano. Lo potencia.
Una herramienta genera valor cuando mejora la calidad de una decisión, no cuando simplemente acelera un proceso. En el ámbito tributario y legal, esto significa algo muy concreto: liberar tiempo para dedicar más energía al análisis, a la explicación de riesgos, a la construcción de escenarios y al ejercicio del criterio. Ese sigue siendo el verdadero diferencial.
Un agente de IA no firma una declaración jurada. Un algoritmo no comparece ante una fiscalización. Un modelo de lenguaje no responde ante un directorio ni asume consecuencias frente a una controversia. Lo hace una persona.
Eso explica por qué los problemas más complejos de nuestra profesión rara vez nacen de un error de cálculo. Nacen de una decisión sobre qué tan lejos llegar. De una evaluación sobre qué riesgo aceptar. De un juicio sobre qué es técnicamente correcto, pero también sobre qué es coherente, defendible y sostenible en el tiempo. La IA puede ayudar a construir una respuesta, pero no puede hacerse responsable por ella.
Por eso, el desafío para los profesionales no es aprender a competir con las máquinas. Es desarrollar aquello que las máquinas no poseen: criterio, independencia de juicio, integridad para señalar límites y capacidad para asumir las consecuencias de una decisión.
La tecnología seguirá evolucionando. Y debemos abrazarla con entusiasmo. Pero conviene recordar algo esencial: los algoritmos procesan información, sugieren alternativas y aceleran respuestas. Sin embargo, la responsabilidad sigue teniendo nombre y apellido.