Editorial
“La voluntad del Gobierno por consolidar la disciplina macroeconómica se refleja en una gestión pública ágil, eficiente en la tramitación de licencias y orientada a destrabar proyectos pendientes”.
Significa que es la tasa de expansión más destacada observada desde 2010, al margen del rebote posterior a la pandemia; además, consolida diez periodos consecutivos de progreso, un terreno sólido sobre el cual es posible proyectar metas más ambiciosas.
Este empuje permitió que la demanda interna avanzara 5.2%, sumando diez meses de dinamismo constante.
El sector privado vuelve a desempeñarse como el gran engranaje de la actividad productiva, encabezado por el vigor del ámbito minero, cuyo aumento de 42.8% nominal refleja la trascendencia de poner en marcha proyectos como Tía María, Reposición Ferrobamba y Romina, junto con los trabajos de sostenimiento en Antamina, Shougang y Antapaccay.
Sin embargo, el aspecto más alentador se aprecia en la diversificación de los desembolsos, visible en el progreso de la Línea 2 del Metro de Lima y Callao o en el mantenimiento de las vías IIRSA Norte e IIRSA Sur-Tramo 4, infraestructura que transforma a cada instante la calidad de vida de las personas.
La recuperación económica cobra su auténtico valor cuando genera bienestar directo. En el segundo trimestre de este año, el consumo privado aumentó 3.7%, acumulando 11 periodos de trayectoria ascendente.
Esta mejora constante descansa en bases reales: un incremento de 4.1% en el empleo formal en planilla, un alza de 4.3% en las remuneraciones del sector estructurado y una expansión de 10.6% en el financiamiento familiar. La predictibilidad laboral convierte la prudencia de los hogares en decisiones de gasto seguras y bien planificadas.
Detrás de este comportamiento subyace un elemento determinante: la estabilidad del entorno. El Banco Central de Reserva (BCR) registró que, en julio de 2026, los 12 indicadores de expectativas empresariales se posicionaron en el tramo optimista por segundo mes consecutivo.
Cuando la certidumbre reemplaza a la duda, los planes de inversión abandonan los archivos para convertirse en contrataciones y adquisición de insumos a proveedores locales.
El desafío inmediato consiste en proteger esta dinámica para transformarla en desarrollo duradero.
La voluntad del Gobierno por consolidar la disciplina macroeconómica se refleja en una gestión pública ágil, eficiente en la tramitación de licencias y orientada a destrabar proyectos pendientes.
La inversión es el mecanismo más eficaz para acortar las brechas de infraestructura que aún persisten. Aprovechar esta ventana de oportunidad exige mantener el rumbo, garantizar reglas de juego estables y asegurar que los beneficios del crecimiento se extiendan a la totalidad del territorio patrio.