• JUEVES 27
  • de agosto de 2026

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Pedir boleta puede ser más que una obligación: una vía para formalizar la economía y ampliar la base fiscal

Enfoque tributario.


Editor
Luis García Calderon

Docente-Universidad Científica del Sur


¿Por qué no pedimos comprobantes? La investigación concluye que la devolución tributaria directa es el incentivo más eficaz (36.1%), seguida de la educación tributaria (29.7%) y los sorteos (27.8%). Los beneficios concretos pueden motivar al consumidor a pedir boleta.  

El Perú ya utiliza parcialmente esta lógica. Determinados consumos realizados en restaurantes, hoteles y otros servicios permiten deducir gastos para efectos del impuesto a la renta dentro de los límites establecidos por la normativa tributaria. Sin embargo, este tipo de incentivo resulta más relevante para quienes generan rentas sujetas al impuesto y pueden aprovechar efectivamente la deducción.

Ahí aparece un desafío mayor. En un país donde una parte importante del empleo permanece en la informalidad, ¿qué incentivo tiene un trabajador que no paga impuesto a la renta para solicitar una boleta? El problema trasciende el comportamiento individual. Cuando una transacción no se registra, también se reduce la información disponible sobre la actividad económica y se dificulta ampliar la base tributaria.

Una alternativa que merece ser evaluada sería conectar los comprobantes de pago con el ahorro previsional. Una fracción del beneficio generado por determinadas compras podría destinarse a una cuenta de ahorro para el retiro del consumidor. Así, pedir una boleta dejaría de percibirse únicamente como una obligación tributaria y podría convertirse, bajo un diseño adecuado, en una pequeña decisión de ahorro.

La experiencia internacional muestra que modificar los incentivos puede cambiar comportamientos. En Brasil, programas que otorgaron beneficios a los consumidores por solicitar comprobantes contribuyeron a aumentar las ventas declaradas. La evidencia de Naritomi, publicada en American Economic Review, encontró un incremento cercano al 21% en los ingresos reportados por los establecimientos participantes durante cuatro años.

La tecnología permite hoy pensar en mecanismos que antes habrían sido difíciles de aplicar. El reto está en evaluar sus costos, su sostenibilidad y, sobre todo, si generan los incentivos adecuados. Cada boleta puede parecer insignificante de forma aislada. Millones de ellas, en cambio, pueden contribuir a formalizar transacciones y ampliar la información fiscal. Quizá el desafío no sea solo convencer a los peruanos de pedir comprobantes, sino también ofrecerles una buena razón para hacerlo.