• SÁBADO 29
  • de agosto de 2026

Editorial

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Espacios para aprender

“La declaratoria de emergencia debe servir, por lo tanto, no solo para acelerar intervenciones pendientes, sino también para sentar las bases de una gestión más eficiente y sostenible de la infraestructura educativa”.

Por ello, resulta importante la decisión del Poder Ejecutivo de declarar en situación de emergencia la infraestructura educativa pública a escala nacional. La medida busca acelerar la reducción de las brechas existentes, ampliar y construir nuevos espacios educativos, fortalecer la planificación y gestión, y garantizar el mantenimiento y la sostenibilidad de las inversiones.

La declaratoria parte del reconocimiento de un problema que requiere una respuesta prioritaria. Las deficiencias de infraestructura afectan las condiciones en las que miles de estudiantes desarrollan diariamente sus actividades. Aulas deterioradas, servicios básicos insuficientes o instalaciones que requieren reparaciones no constituyen únicamente dificultades materiales: pueden terminar afectando el proceso educativo y el bienestar de alumnos y docentes.

Cerrar estas brechas supone, además, avanzar hacia una mayor equidad. Las carencias no se presentan de manera uniforme en todo el territorio y pueden adquirir especial gravedad en comunidades rurales, alejadas o vulnerables. Mejorar las escuelas significa también contribuir a que el lugar donde nace o vive un estudiante no determine las condiciones en las que ejerce su derecho a la educación.

La emergencia declarada ofrece, asimismo, la oportunidad de abordar un aspecto fundamental: la gestión. No basta con disponer de recursos o construir nueva infraestructura. Se requieren información confiable sobre las necesidades existentes, adecuada planificación, buenos proyectos, capacidad de ejecución y mecanismos eficaces de supervisión. En ese sentido, la reforma normativa anunciada deberá contribuir a ordenar responsabilidades y mejorar la capacidad del Estado para intervenir oportunamente.

Especial importancia merece el mantenimiento. Durante demasiado tiempo, la inversión pública ha privilegiado la construcción de nueva infraestructura sin otorgar siempre la misma atención a su conservación. Una escuela entregada hoy comienza a deteriorarse mañana si no existe una política permanente que asegure su cuidado. Mantener adecuadamente lo construido permite proteger la inversión realizada y prolongar durante años sus beneficios.

La declaratoria de emergencia debe servir, por lo tanto, no solo para acelerar intervenciones pendientes, sino también para sentar las bases de una gestión más eficiente y sostenible de la infraestructura educativa. Los cambios institucionales que se planteen deberán traducirse en resultados concretos y verificables.

Una escuela es mucho más que paredes, techos y mobiliario. Es el espacio donde niños y jóvenes pasan buena parte de sus días, conviven, descubren capacidades y empiezan a construir su futuro. Garantizar que puedan hacerlo en condiciones dignas y seguras no es únicamente invertir en infraestructura. Es invertir en educación y en igualdad de oportunidades.