Opinión
Comunicadora social y escritora
También hubo mucha tristeza como suele suceder en los velatorios, pero de todo ese momento, me quedo con las palabras de su hija, quien nos recordó que la mejor forma de honrar a su madre era imitar esa búsqueda diaria de belleza que ella encontraba en una flor, en una canción, en una frase de un libro, en una blusa por estrenar, en una cartera heredada de su madre o con esas pequeñas sorpresas que nos regala la sencillez de la cotidianidad y desde ese encuentro, ser feliz.
De esta manera, he elegido quedarme con los libros leídos, esos que nos unieron y los mismos que nos mantendrán unidas. Las reuniones entre mujeres para hablar de literatura, para volar sobre palabras pájaro mientras soñábamos con un mundo más justo. Sin embargo, despedir a una amiga siempre va a doler, aunque sepamos que ella estará mejor ahora. Tal vez, es un rasgo muy humano ese egoísmo natural de desear un poquito más de tiempo cuando las cosas ya han pasado. Hoy, me arrepiento de ese último cumpleaños suyo que no fui por razones que ahora me suenan tontas, pero me quedo con las reuniones a las que sí asistí, me quedo también con sus consejos sobre recolectar en una olla algo de agua lluvia para luego regar las plantas, ella decía que era lo mejor y he comprobado que tenía razón, pero definitivamente aplicaré todos los días el desafío de encontrar belleza.
Por tanto, hoy, que se publica esta columna seguramente estaré festejando la vida de la mejor manera que conozco, entre libros, con mi club de lectura. Cierro este mes con torta, café y lecturas. Ha sido un mes complejo, por esa misma razón, aprovecho la reunión mensual para hablar de nuestra novela pendiente y celebrar a los cumpleañeros de agosto porque los sueños por cumplir son las metas que nos empujan a seguir y es importante armar planes como si fuéramos a vivir para siempre, pero practicando el desapego. Recordemos que en el momento que nos toque partir nada podremos llevarnos, solo las experiencias compartidas y el amor que entregamos y recibimos.
Corolario, cierro este mes, despidiendo a una amiga y celebrando la vida de quienes quedamos, porque la vida está llena de contrastes y la belleza también vive en la complejidad de aceptar que esto que hoy nos duele también pasará, así que concluyo esta columna con las palabras de George Henry Lewes: “La única cura para el dolor es la acción”.