Cultural
Periodista
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Apenas llegó de Alemania, país donde reside, Chuquisengo se concentró en los ensayos junto a Madueño. El encuentro retoma una complicidad artística construida a lo largo de una década y propone utilizar las obras del programa como punto de partida para una conversación musical en la que la improvisación tendrá un papel clave.
“Las improvisaciones están hechas sobre las piezas del programa. Podemos tocar, por ejemplo, un fragmento de la Pavana para una infanta difunta de Ravel, que todos reconocen, y luego improvisar como se hace en el jazz. Improvisa un piano, improvisa el otro y se produce un diálogo que solo va a suceder en ese momento”, explica Madueño.
El programa recorrerá obras y composiciones vinculadas a Bach, Mozart, Chaikovski, Ravel, Astor Piazzolla, Chabuca Granda, Andrés Soto, Antonio Carlos Jobim, Miguel Hurtado y el propio José Luis Madueño, con una propuesta que busca borrar una frontera que, para Chuquisengo, existe más en las clasificaciones que en la propia música.
Recorrido de mundo
“Hay una división ilusoria entre la llamada música clásica y la música popular. Juan José y yo tenemos formación clásica, pero, como peruanos, somos también amantes de la música popular del Perú y de la música del mundo. Cada música tiene sus códigos, pero nosotros buscamos crear de manera natural un puente entre esos universos”, sostiene Madueño.
Para Juan José, el concierto puede entenderse además como un recorrido geográfico y emocional. “Es un viaje por el mundo desde la butaca del Gran Teatro Nacional. Podemos ir a Argentina, Francia o Polonia y también al corazón del Perú. La música tiene esa maravilla de transportarnos a otro lugar. Es, al mismo tiempo, unión y diversidad”, afirma.
Radicado en Europa, Chuquisengo reconoce que la distancia también ha transformado su relación con la música peruana. “Volver al Perú siempre tiene algo de alegría y de nostalgia. Después de haber recorrido tantas otras músicas, con el tiempo me he dado cuenta de que un buen huayno, un hermoso yaraví o la música afroperuana pueden ser maravillosos. Para mí, regresar es también un retorno esencial para el alma”, señala.
Propósito solidario
Piano Sin Fronteras se realizará a beneficio de la Asociación Niños del Arco Iris, que desde hace 25 años trabaja en Urubamba. “Es un lugar donde, más allá de los beneficios que reciben, se les da amor y mucha confianza. Durante mis visitas he encontrado niños muy expresivos, que participan y se comunican con una seguridad que impresiona”, dice Madueño.
Ambos pianistas ya habían apoyado a la asociación mediante presentaciones privadas. Llevar ahora el proyecto al GTN busca ampliar ese respaldo. “Pensamos que hacerlo de manera pública podía visibilizar mucho más el proyecto. También es una alegría para el corazón saber que estás haciendo algo en beneficio de los niños”, añade.
Chuquisengo comparte esa convicción. Desde Alemania impulsa hace años Conciertos Solidarios para Latinoamérica, iniciativa que ha convocado a músicos y bailarines de alrededor de 25 países y que, según señala, ya ha logrado recaudar más de 100,000 euros destinados a proyectos sociales.