Opinión
Directora nacional de Enfermería de la Universidad César Vallejo
Ser enfermera/o significa mucho más que dominar conocimientos científicos, desarrollar competencias clínicas o ejecutar procedimientos especializados. Significa estar presente cuando una persona nace, acompañarla durante la conservación de su salud, intervenir cuando enfrenta la enfermedad y permanecer a su lado cuando atraviesa momentos de fragilidad, recuperación o despedida.
A lo largo del tiempo, esta vocación ha evolucionado según las necesidades de la sociedad. El legado de Florence Nightingale, madre de la enfermería moderna, impulsó una nueva visión del cuidado basada en la higiene, la organización, la observación y el análisis de datos. Desde entonces, la profesión se ha consolidado sobre el conocimiento, la evidencia y el compromiso con la vida.
Esta evolución demuestra que la enfermería es ciencia que se convierte en cuidado. Cada decisión clínica fundamentada en evidencia, cada intervención preventiva, cada investigación que genera nuevo conocimiento y cada innovación aplicada a los servicios de salud contribuyen a preservar la vida, disminuir riesgos y ofrecer respuestas más humanas, seguras y efectivas frente a las necesidades de las personas y las comunidades. En un escenario sanitario globalizado, los profesionales de enfermería participan en programas de movilidad académica, desarrollan investigaciones colaborativas, comparten experiencias asistenciales entre países y fortalecen sus competencias en escenarios internacionales.
Pero existe otra forma, quizá aún más profunda, en la que la enfermería trasciende: su capacidad para dejar huella en las generaciones. Una enfermera que enseña forma a futuros profesionales; una enfermera que investiga amplía las posibilidades del conocimiento; una enfermera que lidera transforma organizaciones; y una enfermera que cuida puede cambiar para siempre la experiencia de una persona y su familia.
En pleno siglo XXI, la pandemia del covid-19 hizo visible ante el mundo el valor esencial de la enfermería, al evidenciar su capacidad de respuesta, liderazgo, resiliencia y compromiso con la preservación de la vida en los momentos de mayor incertidumbre sanitaria. Porque donde existe una vida que proteger, una persona que cuidar, un dolor que aliviar o una esperanza que preservar, siempre habrá una enfermera dispuesta a dar su vida por amor a la enfermería con rostro humano.