Cultural
La reconocida actriz y comediante peruana le transmitió su pasión por el teatro, la fuerza y el sentido del humor.
“De mi mamá heredé la pasión, la fuerza, el sentido del humor y, sobre todo, la libertad de ser una misma”, afirma Oriana. “Cada vez que subo a un escenario siento que una parte de ella está conmigo”.
Ser hija de una figura tan querida también significó un reto. Cicconi explica que durante años sintió la necesidad de demostrar que podía construir una identidad artística propia.
“Ser ‘la hija de Claudia Dammert’ es un orgullo enorme, pero también fue un reto. Durante muchos años sentí que tenía que demostrar que podía construir mi propio camino y encontrar mi propia voz”, señala.
Oriana Cicconi ha desarrollado una carrera como actriz, comediante, comunicadora y creadora de contenido. Las redes sociales se han convertido en otra vía para relacionarse con el público, aunque considera necesario establecer límites entre su trabajo y su vida personal.
“Las redes son una herramienta maravillosa para conectar con la gente, pero hay que saber poner límites”, sostiene.
Para la actriz, compartir proyectos y algunas experiencias puede ser una forma de inspirar, pero la privacidad también debe ser protegida.
Su identidad artística, sostiene, no está separada del legado familiar. “Soy Oriana, con mi propia historia, pero también soy profundamente orgullosa de ser su hija”, afirma.
Su participación en Saltimbanquis marca un nuevo encuentro con el teatro infantil. En la obra interpreta a Doña Rabieta, un personaje que le permite combinar actuación y humor.
“Para mí es una enorme alegría. Saltimbanquis me devuelve esa magia de hacer teatro para los niños”, afirma.
La experiencia tiene un componente familiar. Oriana comparte escenario con sus hijas, Zoe y Gaia, además de un elenco infantil. Para la actriz, el teatro mantiene una experiencia que las pantallas no pueden reemplazar.
“Un niño puede pasar horas frente a una pantalla, pero cuando entra a un teatro y ve a una persona actuando frente a él, ocurre algo irreemplazable: hay encuentro, emoción y presencia”, sostiene.
Trabajar con niños también le permite recuperar la capacidad de jugar, imaginar y sorprenderse. Cicconi considera que la espontaneidad del elenco infantil es una de las enseñanzas más importantes de esta experiencia.
Su trayectoria también está vinculada al humor y a una mirada particular sobre el duelo y la muerte. Tras el fallecimiento de su madre, estudió tanatología y escribió El amor no muere, una obra en la que reflexiona sobre la pérdida.
“Hoy entiendo la muerte de una manera mucho más humana: no como el final del amor, sino como una transformación”, reflexiona.
Oriana Cicconi continúa desarrollando proyectos en el teatro, la televisión, la escritura y las redes sociales. Para ella, la carrera artística no tiene un punto definitivo.
“No sé si existe un ‘lo hice todo’; creo que la vida justamente está en seguir soñando”, afirma.
En Saltimbanquis, Cicconi vuelve a encontrarse con el público familiar como Doña Rabieta. La actriz reconoce el legado de Claudia Dammert, pero también reafirma una trayectoria construida con identidad propia.
La obra, en una nueva adaptación de Gloria María Solari, se presenta los sábados y domingos a las 16:00 horas en el Teatro Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional del Perú.
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#CulturalElPeruano ??Una propuesta ciudadana busca poner en valor un legado de 4,000 años y prepara un plan para lograr reconocimiento internacional por la Unesco.
— Diario El Peruano (@DiarioElPeruano) August 27, 2026
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?Por Ernesto Carlín (@tanquedecasma) pic.twitter.com/px1aL2FFVQ