Opinión
Líder del equipo de la Universidad del Pacífico en el proyecto TAMBO
Cada vez es más caro estudiar el universo. La física fundamental se enfrenta a la ley de los rendimientos decrecientes: cada nuevo hallazgo requiere más capital, tiempo y recursos humanos.
El ejemplo paradigmático es la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), un colosal laboratorio de física que requirió casi 5,000 millones de dólares de inversión inicial y demanda cerca de 1,400 millones anuales para operar. ¿Cómo justificar una inversión de tal magnitud en ciencias básicas frente a urgencias globales como la crisis climática, la salud pública o la seguridad energética? Las grandes infraestructuras científicas devuelven valor socioeconómico tangible: análisis de costo-beneficio estiman que, por cada dólar invertido en el CERN, la sociedad recibe cerca de 1.5 dólares en beneficios netos mediante innovaciones médicas, tecnológicas y de diversa índole. Hoy, diseñar un experimento exige no solo optimizar su alcance científico y minimizar costos, sino maximizar sus retornos sociales.
Sudamérica ya cuenta con precedentes exitosos de ciencia responsable, como el Observatorio Pierre Auger en Argentina, el cual se ha integrado a la cadena de valor de Malargüe, generando empleos, fomentando el turismo y promoviendo la educación. En el Perú, este enfoque se manifiesta en el proyecto internacional TAMBO (Tau Air-shower Mountain-Based Observatory), liderado por Carlos Argüelles, físico peruano y profesor en la Universidad de Harvard. El objetivo científico de TAMBO es estudiar a los neutrinos astrofísicos, unas partículas elusivas y difíciles de captar que son creadas naturalmente en fenómenos cósmicos violentos fuera del sistema solar.
La colaboración eligió como sede el cañón del Colca, en Arequipa. Su altitud optimiza la detección de neutrinos y su particular geomorfología permite registrar las señales generadas cuando los neutrinos impactan con la roca de las laderas. Así, el entorno natural se convierte, sin alterar su geografía, en parte integral del experimento.
TAMBO integra tanto a físicos e ingenieros como a científicos sociales para asegurar una implementación responsable y alineada con las comunidades locales. A su vez, un equipo de físicos y economistas de la Universidad del Pacífico evalúa y proyecta el valor socioeconómico del observatorio para garantizar beneficios concretos a los habitantes del valle. De esta manera, TAMBO articula la investigación fundamental con el bienestar colectivo, situando el valor social no como una externalidad accidental, sino como una variable central en el diseño y desarrollo de la ciencia.