Editorial
La inteligencia artificial debe transformar el empleo, no simplemente desplazar a los trabajadores. La innovación debe traducirse en productividad, nuevas oportunidades y mejores empleos
El desafío trasciende la incorporación de nuevas herramientas. La tecnología puede transformar ocupaciones, competencias, procesos productivos, organización y condiciones de trabajo; también incidir en derechos fundamentales como la dignidad, la igualdad de oportunidades, la no discriminación y la libertad sindical. Por ello, el derecho del trabajo debe acompañar esta evolución y evaluar, con evidencia, la necesidad de adecuar el marco normativo.
La productividad constituye una oportunidad. Como señaló el ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, Juan Sheput, sus mayores niveles están cada vez más vinculados al uso de tecnologías de la información y procesos automatizados. Sin embargo, advirtió que la incorporación de tecnología no garantiza por sí misma la creación de más puestos de trabajo. De ahí la importancia de preparar a los trabajadores para las nuevas necesidades del mercado laboral.
La OIT sostiene que la inteligencia artificial generativa transformará más empleos de los que eliminará, aunque sus efectos serán desiguales y exigirán políticas orientadas a proteger la calidad del empleo, facilitar las transiciones laborales y fortalecer el diálogo social y la regulación. En Magnifica humanitas, el papa León XIV plantea, asimismo, que la inteligencia artificial debe respetar la dignidad del trabajo y que la automatización debe acompañarse de protección del empleo, recualificación y participación de los trabajadores.
En este contexto, resulta fundamental identificar oportunamente las ocupaciones y competencias que serán transformadas. La capacitación permanente, la formación desde la escuela y la educación técnica permitirán que los trabajadores afronten los cambios con mayores herramientas y oportunidades para acceder a empleos dignos.
El diálogo social adquiere especial relevancia. La Comisión reúne a representantes del MTPE, la Sunafil, los trabajadores y los empleadores, y podrá convocar a instituciones públicas y privadas, así como a especialistas. Esta transformación debe abordarse con participación y evidencia.
La inteligencia artificial debe transformar el empleo, no simplemente desplazar a los trabajadores. La innovación debe traducirse en productividad, nuevas oportunidades y mejores empleos.
Por ello, el informe técnico final no debería limitarse a un diagnóstico. Debe plantear una hoja de ruta con acciones de capacitación, reconversión laboral, certificación de competencias, promoción del empleo y protección de los derechos laborales, además de posibles medidas y propuestas normativas. Anticiparse permitirá que trabajadores y empleadores estén mejor preparados para el futuro del trabajo.