Usuaria de Pensión 65 y su loro Pepe aprovechan bondades de la naturaleza.
Cirpiana potencia su producción de cacao
Su faceta como emprendedora empieza en 2016, cuando decide cultivar cacao como una forma de generar un ingreso para su hogar. Junto a su pareja, comienza a trabajar la tierra de una pequeña chacra, muy cerca a las orillas del río Madre de Dios y rodeada de una vasta naturaleza. Incluso, llegan a adoptar a un loro que encontraron herido, que con el tiempo se convirtió en parte de su familia.
La primera década les permite formar las bases de su modesto negocio y ser reconocidos entre sus vecinos como chocolateros artesanales. Sin embargo, la muerte de don Juan genera un quiebre en Cipriana, quien hizo una pausa hasta hace unos días, donde participó de una feria que organizó el gobierno local.
“Al principio solo era para nuestro consumo y ver bien los productos que sacaríamos. Luego vendíamos los granos y tras conseguir una moledora de segunda mano, preparamos pasta para chocolate. Todo iba bien hasta que hace tres meses mi esposo me dejó, ya estaba malito”, detalla la adulta mayor, que también es usuaria de Pensión 65 del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis).
Con un semblante resiliente, de una mujer que acaba de perder una parte de su corazón y aún mantiene ese brillo en los ojos de querer llorar desconsoladamente, suspira y agrega: “Iniciamos este emprendimiento juntos, ahora que ya no está, siento que me ha dejado el mejor regalo que pudo darme, su cariño por la tierra y la naturaleza”.
Conectada a los árboles, sintiendo la cálida brisa que corre cerca al caudaloso río y con su loro Pepe en el hombro derecho, se dirige a su huerto para ver su cacao, y revisar si necesita una curación, lo que realiza con ayuda de su nieta.
“Cuando mi esposo estaba delicado, él me pidió que vaya a la chacra y que no me dé por vencida. Llegué tardecito, y cuando ya estaba por terminar, escuché mi nombre en su voz.
Cuando voltee emocionada, me di cuenta que era mi lorito Pepe. Me sentí un poco asustada, pero luego tranquila, porque acá creemos en las señales de la naturaleza”, recuerda emocionada.
Doña Cipriana ha vuelto a sus labores, con ganas de impulsar el emprendimiento que inició con el amor de su vida, y participando en los encuentros culturales que organiza Pensión 65 con los gobiernos locales. Dice que de esta manera se mantiene en actividad y mejora su estado anímico, revalorando uno de los tesoros de Centro Cachuela.
Impulso productivo
Su actividad económica toma mayor fuerza cuando ingresa al programa del Midis, a través de su intervención Saberes Productivos, donde pudo mostrar sus habilidades y labores con el cacao. Su participación la ha llevado a diferentes ferias a nivel de la provincia de Tambopata. “Es un producto muy importante, con grandes propiedades y emblema de nuestra tierra”, concluye Cipriana.